No digo que no sea una buena noticia (las normas del BOE sobre las condiciones para dar toros) pero convendrán conmigo que es a todas luces insuficiente. Legislar que puedan asistir hasta ochocientas personas como máximo es ahora mismo decir nanay, un quédense en sus casas, una, otra, píldora de cinismo si se entiende como concesión. Una barrera incompatible con la celebración de corridas tal y como las hemos contemplado hasta ahora. Y no digo que no sea una medida necesaria. Seguramente lo sea. Pero dentro de esa normalidad no caben los toros. Así que paren el volteo de campanas, no hay mucho que celebrar, habrá que seguir esperando, alertas eso sí, para que no nos sitúen definitivamente en esa nueva normalidad que pretenden, que es claramente incompatible con la tauromaquia. Así que contentos por el avance, sí; satisfechos, no; preocupados, también; con esta gente (la mandona) no cabe otra postura: preocupación, temor, susto, defensa, unidad... Todo ello a la espera de que cambien los mandones. Aseguran que nos van a transferir a las autonomías, esa es la esperanza.
Y otra preocupación más, la sensación de que la unidad del sector, tan necesaria, diría que tan imprescindible, tan lógica…, comienza a hacer aguas por unas costuras que no se acabaron de asegurar. Lo llevan en el alma. Y/o se aparcan personalismos e intereses y se va de la mano en la defensa del sector o mejor no ir. Me aseguran que esta semana hay una reunión del Comité de Crisis con objetivos importantes. El que no vaya que no enrede. Sería bueno hasta para ellos.
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El que no vaya que no enrede
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