Madrid es Madrid. Y San Isidro la marca taurina y el santo más taquillero de la Fiesta. Ni un ápice de crisis. Y aunque parezca una burrada la feria podría tener un mes y pico de vigencia y mantendría su arrolladora capacidad de concitar veinticuatro mil personas, casi, todos los días. ¿Dónde está el secreto de Las Ventas?
Hay varios. Uno es su categoría a veces, incluso este año, arañada. Categoría y rigor. En el toro y en la exigencia. En Madrid no hay regalos y generalmente se hace justicia. Por arriba y por abajo. Las excepciones son escasas aunque pueden ocurrir. Pero ese toro y esa plaza cuando da, o cuando niega, es rotunda. Por eso es la única que mueve las fichas del tablero lejos de los intereses particulares o gremiales.
Este año, sin embargo, junto a grandes cosas, hubo dos lunares que necesariamente habrá que corregir. Hay algunos presidentes de mano ligera a la hora de dar las orejas. Más con algún matador que con novilleros o rejoneadores. Pero eso no es lo peor para mí. Lo malo es que han salido ocho o diez animales a la plaza por debajo del trapío, del cuajo que hacen de Madrid una plaza sin fisuras. Y encima los toros-raspa no se justifican por nada puesto que además no han embestido. Por tanto no hay argumentos para defender la trasgresión de la seriedad del toro de Las Ventas.
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El secreto de Madrid
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