La Revolera

El sexo de los ángeles

Paco Mora
domingo 26 de abril de 2020

El protagonista por antonomasia de la tauromaquia es el toro. Eso no admite discusión. Sin toro no hay ganadero, ni torero, ni empresario ni público. Y por tanto sobran las plazas de toros, la banda de música, el torilero y hasta el que toca la trompeta. Esa es una verdad de Perogrullo. Y aquí todo el mundo echa su cuarto a espadas creyendo -o haciendo como que se lo cree- que ha inventado el “ungüento canutillo” para salvar a la Fiesta de la debacle a que la ha condenado el maldito Covid-19. Y la verdad es que todo suena como las palabras de aquel cura que oye en confesión a un fulano que ha matado a su padre y a su madre: “Hijo mío, hay que ser bueno”. Y después la señal de la cruz un Padre Nuestro y tres Ave Marías y a vivir que son dos días...

Que el tal Rodríguez Uribes no tiene intención de mover un pelo a favor de que la Fiesta Brava recupere el tono, aunque solo sea con la fuerza suficiente para sobrevivir al desastre a que está abocada por causa de la pandemia, está más que cantado. Basta con oírle para percatarse de que le importa la fiesta de los toros tanto como a mí las tribulaciones de San Apapucio Obispo Patrón de los betuneros, como se les llamaba en mi primera juventud a los limpiabotas. Oficio desaparecido por cierto. Amor que comparte -Uribes digo- con el Gobierno que actualmente nos acongoja y nos conduce directamente al despeñadero.

Si esperamos que Rodríguez Uribes encuentre, o busque siquiera, solución al problema ganadero del campo bravo nos convertiremos en estatuas de sal. Al Gobierno de Sánchez-Iglesias le preocupa la Fiesta tanto como a usted y a mí, querido lector, el sexo de los ángeles

Aquí solo Ricardo Gallardo ha abierto la boca para anunciar el evangelio de la triste y ruinosa realidad que vive el campo bravo, que no es otra que el desastre que significa el éxodo hacia el matadero que les espera a los toros que debían lidiarse este año. Los demás se limitan a susurrar sus desventuras ante el Muro de las Lamentaciones, a la espera de lo que hagan las autoridades gubernamentales con competencia en la conservación de una especie animal autóctona, cuya desaparición desertizaría muchos kilómetros de campo productivo. Cuando deberían estar reuniéndose para elaborar planes eficaces de salvación de una riqueza ganadera que da trabajo y “modus vivendi” a muchos miles de personas. Y tratando de sensibilizar al ministerio correspondiente sobre el que es sin duda uno de los grandes problemas, dimanantes de la falta de acierto y compromiso de las autoridades que manejan la crisis del Covid-19 con la cabeza metida debajo del ala como los avestruces.

Porque si esperamos que Rodríguez Uribes encuentre, o busque siquiera, solución al problema ganadero del campo bravo español nos convertiremos en estatuas de sal. Al Gobierno socio-comunista Sánchez-Iglesias le preocupa la fiesta de los toros tanto como a usted y a mí, querido lector, el sexo de los ángeles.

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