Mi tierra cumplió. Valdemorillo abría, pero a la baja, y es Olivenza la que eleva la apertura taurina de la temporada. Mi tierra cumplió. Porque a mi Castellón del alma y a mi Valencia querida les toca marcar el rumbo del año. No sé ahora, pero hace unos años los primeros contratos se hacían en las ferias de Levante. En el Astoria se firmaban temporadas o te comías un colín según te había ido en la Magdalena y en las Fallas. Ahora es diferente. La planificación está más en los despachos que en aquella cola fantástica de los apoderados esperando hablar con los empresarios. Ahora casi todo es lo mismo. A casi ningún torero con cierto renombre lo apodera un Pipo o un Florentino Díaz Flores. Ahora, figuras, profesionales, aspirantes y hasta medio pensionistas tienen un empresario o gestor. Mentor y gestor. Son los nuevos tiempos. Y yo creo que no es bueno acabar con una de las especies que forman, o formaban, el planeta taurino. En realidad no es bueno acabar con nada. Ni con tantos encastes perdidos. Y gracias a la Francia aficionada que no consume solo el sistema sino que rebusca en los encastes que están en la UVI para que cojan de nuevo vida y vigencia.
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