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El talento de Talavante y la suficiencia de Roca Rey en Mérida

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Hubo que esperar diez minutos para que arrancara el paseíllo y una vez terminado otro buen puñado de minutos porque volvieron a regar el ruedo. En total habían pasado casi veinte minutos de retraso con respecto a la hora marcada cuando salió el primero, un inválido al que Morante nada más verlo mimó levantando los brazos en las verónicas. Fue pasar por el caballo y el de El Pilar perdió las manos. En banderillas hizo otro amago. Con semejante material era de esperar que se formase un escándalo en cuanto el de La Puebla se fue a por el estoque tras los muletazos de tanteo, en los que el animal se echó. Ni siquiera dio opción a que entrase a matar el sevillano y su tercero tuvo que apuntillarlo.

El saludo de Morante al cuarto, con la barbilla enterrada en el pecho y lanceando con cadencia los brazos, tuvo el efecto del perdón en un público que aceptó la disculpa con roncos olés. Siguieron las palmas cantando el toreo caro en los ayudados por alto que iniciaron la faena de muleta, rematados con la gracia del molinete invertido. Pero lo mollar llegó en las series en redondo, molestadas por el viento y entre acordes de Manolete, en la que José Antonio mostró con medio toro en qué consiste la colocación y qué significa citar con el pecho, y acompañar las embestidas. Le concedieron una oreja.

El segundo ni humilló ni se le exigió que lo hiciese por miedo a que siguiese el camino de su hermano. Talavante lo cuidó en el caballo y Javier Ambel lo templó con su capote en banderillas. Tuvo Talavante que pulsear mucho con su muleta para mantenerlo en pie. Así, a media altura, sin apretar nada, dejó unas cuantas series sin mucha sustancia por ambos pitones que un público muy cariñoso premió con una oreja de las más baratas que ha cortado el pacense desde que reapareció.

El quinto tuvo la virtud de que repetía y era noble, y eso tapó la falta de fuerzas. Metió bien la cara el de El Pilar y Talavante lo aprovechó ligando series con la diestra para ir ahormando una embestida que después acarició con la izquierda en tandas de naturales, algunas rematadas con pases mirando al tendido, que tuvieron ese encantamiento del toreo a ralentí que muere más allá de la cadera y permite ligar el siguiente pase. Faena grande de un torero tocado por los dioses que le valió para pasear dos orejas con justicia, al igual que justa fue la ovación con que fue despedido su antagonista.

Era de esperar que se cumpliera aquello de que no hay dos sin tres. El tercero era también tan poca cosa y estaba tan en el límite que en cuanto perdió las manos al salir del caballo, en previsión de evitar un escándalo fue devuelto a los corrales. Corrió turno y el reseñado en sexto lugar al menos tuvo más fuelle, lo que permitió que Roca Rey pudiera ligar alguna serie por el derecho que los tendidos cantaron al instante siendo esa la señal de que ese es el toreo que de verdad llega. Después, viendo que el astado no daba para más, tiró del repertorio de cercanías que tanto caldea el ambiente que unido a la estocada le pasaportó el doble premio.

Corrido turno en el tercero, en sexto lugar salió un sobrero del mismo hierro. Al igual que sus hermanos de pelo negro, también tuvo la virtud de repetir. Con eso le bastó al peruano para contentar a sus partidarios que mueren de éxtasis hasta el punto de ser capaces de partirse la cara por su torero si hace falta, como ocurrió en el tendido de sombra en donde dos aficionados se agarraron a puñetazo limpio, con intervención de la policía incluida. Lo más curioso es que justo antes del combate, Roca Rey estaba desgranando lo mejor de su faena, en una serie de naturales enfrontilados, que curiosamente pasaban inadvertidos y que, gracias a los dos púgiles, despertaron al resto de la afición. La mala colocación del acero dejó el premio en una sola oreja.

Mérida, sábado 27 de abril de 2024. Toros de El Pilar. (3° bis), terciados, blandos. Los dos primeros pitados en el arrastre; el quinto, ovacionado. Morante de la Puebla, silencio y oreja; Alejandro Talavante, oreja y dos orejas; y Roca Rey, dos orejas y oreja. Entrada: Casi tres cuartos de plaza.

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El talento de Talavante y la suficiencia de Roca Rey en Mérida

Antonio Girol

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