El toro grande, cornalón y de bastas hechuras de la época de Lagartijo y Frascuelo -que duró 20 años- exigía una lidia de poder a poder, de pocos pases y estocadas fulminantes, que se le consentía a aquellos bravos lidiadores porque el público entendía el toreo en función del toro. Después, Guerrita impuso su magisterio en solitario a lo largo de casi dos décadas, en las que la ganadería se enfrascó en la consecución de un toro de hechuras más armónicas, como ha ocurrido siempre que un torero ha acaparado toda la atención del público. A la retirada de Guerrita, vinieron unos años liderados por Machaquito, El Gallo y Bombita, que aunque buenos toreros, ninguno ejerció el mando absoluto y el toro aumentó de tamaño y de peso siendo quizás el más grande de toda la historia del toreo.
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