Suele decirse que una imagen vale más que mil palabras. Y la de la entrega de las 37 Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes es más que elocuente con la omnipresente ausencia de la tauromaquia, que sigue siendo Cultura, le pese a quien le pese. Muy a pesar del ministro Urtasun, que allá por enero y poco después de ser nombrado en el cargo, en un flagrante incumplimiento de su obligado mandato -el primero de una larga lista-, ninguneaba al toreo en la concesión de estos prestigiosos galardones, apartando en un incoherente atropello al mundo del toro de la propia esencia que lo define por sí mismo.
Con la ley en la mano, la tauromaquia forma parte del patrimonio cultural español y "es digno de protección en todo el territorio nacional", tal y como recoge el BOE. Pero Urtasun no está -nunca estuvo, ni estará- por la labor. Faltando a su deber. Ya lo hizo con la supresión del Premio Nacional de Tauromaquia. Y en tantos y tantos gestos de desdén y desprecio, como al mismísimo Julián López "El Juli", último en recibirlo.
Desde 1996 se han concedido veintinueve medallas a diversas personalidades del toro. La última de ellas, fue a la ganadería de Miura, con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2022. Esta es la cuarta ocasión que el Ministerio de Cultura ha dejado de reconocer al planeta taurino: 2012, 2018, 2021 y ahora, 2023. Con la instantánea de hoy, el toreo quedó huérfano, pero su naturaleza artística es y será siempre innegable e inalterable. "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera", que decía Neruda. Pues eso.
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El toreo, huérfano en las Bellas Artes
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