Las plazas importantes no están para anunciarse en ellas a ver si suena la flauta. Porque la flauta no les suena más que a los que están en sazón para hacerla sonar Alguien ha escrito en este portal que parece como si de un tiempo a esta parte quien esto firma estuviera en contra de que los toreros modestos disfrutaran de oportunidades en las grandes ferias como la de Sevilla, con la excusa, dicen de que solo las figuras llenan esas plazas. Quien eso afirma o no entiende lo que lee o hace una lectura torticera de mis escritos. ¡Nada más alejado de la verdad!
Lo que yo defiendo es que la Feria de Sevilla no es lógico que se celebre sin la presencia de las figuras de primera fila. Y en eso me mantengo. Ponce, El Juli, Morante, Perera, Manzanares, Talavante, Finito, Curro Díaz y otros que están más que consolidados, deben ser el armazón de unos carteles propios de uno de los templos emblemáticos del toreo. E intercalados entre ellos, todas las novedades en periodo de formación que se quiera, pero eso sí, que hayan demostrado en cosos de menor entidad que están preparados para dar el salto a las ferias de postín. Eso es lo lógico y además es de justicia. Plazas como la de la Maestranza, Las Ventas, Valencia, Bilbao y Zaragoza, por señalar las más importantes, no están para anunciarse en ellas a ver si suena la flauta. Porque la flauta no les suena más que a los que están en sazón para hacerla sonar. Ahí está el caso de Pepe Moral.
¿Qué ocurriría si en El Liceo de Barcelona se representaran las grandes óperas con los cuadros escénicos del Ateneo de la barriada de Gracia o de las Escuelas Pías de cualquier población de La Mancha? Pues sencillamente que el público de ese templo de la ópera se sentiría estafado y menospreciado. En ese coliseo y en el Bolshoi de Moscú, en el Scala de Milán y en el Metropolitan Opera House de Nueva York, las grandes óperas las han representado siempre los grandes cantantes como Plácido Domingo, Pavarotti, Carreras, la Callas, La Caballé y un reducido etcétera, porque las primeras figuras del “bell canto” no nacen y crecen como las setas y las localidades para oírlas cantar se venden a precios muy respetables. Los que están forjándose en la profesión ocupan en los repartos papeles secundarios en los que se van consolidando. Bueno, pues en el toreo, lo mismo. El toreo, como la ópera, no es una ONG. Y ello por muy caritativos que seamos los aficionados a uno u a otro arte.
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El toreo no es una ONG
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