Lo último que se aconseja ser, es ser ganadero. Uno era ganadero por nombre, por respeto adquirido, por posición, por afición y por negocio o cierta rentabilidad. En 2014 a un ganadero se le para por la calle, cerveza en mano, para el reproche o incluso el insulto, terminada una mala corrida. De un ganadero escribimos sardina por echar un toro flaco o buey por echar uno manso. A un ganadero se le dicen perrerías cuando la corrida es flaca, chica, cuando pierde entidad de bravura. Al contrario, tampoco solemos laurear su colaboración a una tarde éxito. Hay una especie de querencia contra el toro en el habla diaria, en la casuística diaria del toreo. Pero pocas veces razonamos las causas de la realidad del toro.
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