Éste es un país que parece incorregible. Un país con una facilidad de confrontación asustante. El invierno ha sido una soflama continua con frentes abiertos en casi todos los lados. Y así no es fácil solucionar los problemas. Y yo pienso que el dinero de la tele a lo mejor necesitaba otro reparto; y estoy convencido que la solución es posible. Lo que sucede es que se ha abierto una brecha en ese triángulo de la discordia que forman toreros, apoderados y empresarios. Y eso no es bueno. No es bueno que esos tres estamentos, que con ganaderos, subalternos y público completan el mosaico de la Fiesta, sientan esa desconfianza que ha llevado a un grupo de toreros importantes a buscar la solución fuera de los canales taurinos. Que dicho sea de paso están en su derecho; y a mí no me parece mal ni mucho menos.
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