Dieguito Silveti optó por demostrar que los de la saga Silveti, como los de Jalisco, no se rajan y son capaces de entregar la vida antes de irse de una plaza como la de Madrid sin honor...
Diego Silveti ha sacado esta tarde la casta de los Silveti. La del bisabuelo Tigre de Guanajuato, capaz de batirse en duelo a pistola con un generalito de Pancho Villa por la mañana, matar por la tarde seis toros en la Plaza capitalina de México y fugarse a caballo por la noche, llevando a la grupa a la primera actriz del Teatro Nacional mexicano. Casta pura derrochó el hijo del Rey David, nieto de aquel Juanito Silveti de mi juventud, que cortó un rabo en Sevilla el día de su presentación, triunfando después en el San Isidro venteño y plantándole cara a lo más granado del toreo español de su época. De casta le viene al galgo.
Los de Valdefresno no dieron de sí para un triunfo toreando como mandan los cánones. Pero en esos cánones también ocupa un lugar de privilegio el valor de los toreros, y Dieguito Silveti, que sabe torear y lo hace con quietud y cercanías, opto por demostrar que los de la saga de los Silveti, como los de Jalisco, no se rajan y son capaces de entregar la vida antes de irse de una plaza como la de Madrid sin honor. Se jugó la vida y salió de Las Ventas con la cabeza muy alta.
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El valor de los Silveti
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