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El verdadero trapío

La definición de lo que es el trapío de los toros no es cosa fácil y no vale confundirlo con el peso, el volumen y la arboladura...

La definición de lo que es el trapío de los toros no es cosa fácil y no vale confundirlo con el peso, el volumen y la arboladura. Toro alto con más de cinco años, seiscientos kilos y ochenta centímetros de pitón a pitón no es necesariamente sinónimo de trapío. El trapío es la configuración morfológicamente armónica del toro, atendiendo a su encaste. Luego hay que tener en cuenta la bravura, la nobleza y la casta o fiereza, pero eso ya es otra cosa. Hacer cábalas sobre el comportamiento del toro en el ruedo está al alcance de cualquiera, pero acertar es muy difícil porque de toros no entienden ni las vacas. Es cierto que el toro en el tipo de su encaste ofrece más posibilidades que el que está fuera de tipo, pero tampoco es una ciencia exacta. ¿O acaso alguien puede pensar siquiera que un ganadero no quiere que sus toros salgan bravos, nobles, queriéndose comer la muleta por abajo y embistiendo hasta la extenuación? Eso fuera gollería.

Garantizar previamente el comportamiento de un toro en los tres tercios de la lidia es una osadía que no suelen cometer ni sus propios criadores. Pero en plazas como la de Madrid, tanto la autoridad gubernativa como la facultativa, se curan en salud echando para atrás muchos toros con buenas hechuras en beneficio del buey Apis, grandón voluminoso y con descaradas y espectaculares perchas. Así se aseguran que no sean pitados ni rechazados de salida por el público. ¿Quién iba a pensar que ese toro tan espectacular no embestiría, o se le acabaría el gas en los prolegómenos de la faena de muleta?, es la cómoda justificación de autoridad y veterinarios, cuando ese tipo de toro entrega la cuchara. Por eso, y dado lo arriesgado que resulta el pronóstico previo, se debería confiar más en el criterio del ganadero que ha visto nacer el toro y lo ha cuidado hasta que sale por la puerta de chiqueros. Lo del “burro grande, ande o no ande”, solo sirve para cubrirse las espaldas los señores del palco en el momento de irrumpir el animal en el ruedo. Luego, si viene la debacle, que averigüe Vargas quién es el culpable.

Y por favor, que no se nos acuse de ir contra la integridad del toro de lidia a quienes preferimos el toro serio, bien armado pero sin exageraciones por delante, y en armonía con el tipo de su encaste. Ese es el toro que puede proporcionar triunfos a los toreros y divertir a los espectadores. Lo otro suele ser solo carne y frustración. ¡Y claro que no somos partidarios del torillo carente de casta, despitorrado que rueda por los suelos y convierte el toreo en un espectáculo bufo! En el término medio está la virtud en casi todas las cosas.

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El verdadero trapío

Paco Mora

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