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Emotiva despedida de El Cid en Madrid

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Fotos: JAVIER ARROYO

Una pancarta desplegada en el 7 rezaba: "El Cid, torero de Madrid. Gracias". Toda la plaza se rompió en una ovación que recogió El Cid más allá de las rayas, vestido de malva y oro. Una vez despejado el ruedo, el tendido 7 volvió a motivar otra ovación a la que El Cid correspondió emocionado.

Abrió la tarde un toro de Fuente Ymbro con la hechura de la casa. Tocado arriba de pitones, montado y serio. Quiso El Cid torear con el capote desde el principio, pero no se empleó el toro. Tampoco en los sucesivos tercios. Brindó al público y tras andar con él se echó la muleta a la mano izquierda. Algunos naturales fueron de pura seda. Al toro le faltó un punto de humillación por ese pitón izquierdo para haber transmitido más. Por el derecho no hubo forma por su falta de recorrido y su cara alta, sin descolgar en ningún momento. Con habilidad dejó una estocada atravesada y trasera.

El cinqueño que hizo cuarto fue hondo, bajo de manos aunque cargado en sus cuartos delanteros. Tuvo buena condición pero le faltó poder en el conjunto de su lidia. El Cid apostó brindado su último toro en Madrid a la afición de su plaza. Sus partidarios se pusieron de pie. Pronto el toro se quedó sin recorrido ni fuerza dentro de su buena intención. Paradójicamente, El Cid estoqueó en lo alto y con gran eficacia al último toro de su carrera en Madrid. Tantas puertas grandes perdidas por el acero en los 70 paseíllos de su carrera... Una gran estocada para despedirse de Madrid que le premió con una amable vuelta al ruedo.

Unos desaforados partidarios sacaron a hombros a El Cid por la puerta de cuadrillas tras pasearlo por el ruedo ante la incredulidad del público. El toreo vive de pasión. Es cierto, pero Madrid es Madrid y no debe perder el norte.

El sobrero de Manuel Blázquez que sustituyó al descordado segundo lucía dos astifinas velas. Pareció arrastrar los cuartos traseros, Emilio de Justo lo ayudó sacándoselo a los medios muy mecido. El sobrero cumplió en el caballo y en banderillas fue mostrando mayor recorrido. Emilio de Justo brindó al público, empezó la faena por ayudados. El toro exigió colocación y firmeza, le costaba descolgar su estrecha y aparatosa cara. Dos muletazos buenos y al tercero rebañaba buscando lo que se había dejado atrás. De Justo dio el pecho, se cruzó con verdad y echó la muleta delante con pureza. Los últimos naturales a pies juntos estuvieron rematados con una trincherilla colosal. Pinchó dos veces antes de una estocada trasera.

El quinto siguió la línea seria y honda de la corrida. Voluminoso, con 650 kilos y aquerenciado comportamiento. Emilio de Justo lo lidió con mérito sobre la piernas cruzando el anillo sin que le tropezase ni una vez el capote. Brindó a El Cid. El toro se agarró al piso prácticamente desde el inicio. Muy reservón, sin regalar una embestida. Emilio de Justo trató de buscarle las vueltas a carta cabal. Estocada y un descabello.

El tercero resultó basto, grande y de muy amplia cara. Dormido desde salida, guardándose todo dentro. Derribó a Guillermo Marín tras un puyazo largo. El Fini arriesgó en banderillas. Ginés Marín lo probó por los dos pitones, vio su brusquedad y la rectitud de su embestida. Decidió abreviar con buen tino ante la falta de clase del toro. No lo vio claro con la espada.

Una vez echada la tarde sobre Las Ventas apareció el sexto, un serio toro de Fuente Ymbro. Fino, engatillado, tocado arriba de pitones. Ginés Marín lo recibió con mucha disposición, por chicuelinas. También brindó su labor a El Cid. Dio distancia, abrió el compás y esperó en los medios al fuenteymbro que arrancó de largo. Es cierto que a las embestidas le faltaron continuidad. También careció de clase, pero tampoco Ginés le cogió el pulso como debería. La brusquedad de los toques y los tirones a destiempo llevaron a desplazar al toro en exceso e, incluso, a tirarlo en repetidas ocasiones. Enterró la espada trasera tras un pinchazo.

Madrid. Viernes, 4 de octubre de 2019. Feria de Otoño. Toros de Fuente Ymbro y Manuel Blázquez (2º bis). Corrida bien presentada aunque deslucida en su conjunto. El Cid, silencio y vuelta al ruedo; Emilio de Justo, palmas tras aviso y saludos; Ginés Marín, silencio y silencio. Entrada: Más de tres cuartos de plaza.

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Gonzalo I. Bienvenida

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