TAL DÍA ESTA SEMANA… 16 DE NOVIEMBRE

En el Día Internacional del Flamenco...

Alfonso Ávila
miércoles 16 de noviembre de 2022
En el Día Internacional del Flamenco repasamos la relación del toreo y el cante, dos manifestaciones artísticas eminentemente populares, nacidas del pueblo y que caminan juntas de la mano

A lo largo de la historia han sido mucho los artistas flamencos que han pisado el albero, como Enrique el Mellizo, insigne creador gaditano y miembro de la cuadrilla del torero Manuel Hermosilla o el deseo de algunos cantaores de ser toreros, como el mismísimo Camarón de la Isla, el cual llegó a torear un festival en San Pedro de Alcántara el 19 de octubre de 1975, compartiendo cartel con el rejoneador Juan Jiménez y los matadores Miguel Mateo “Miguelín”, Antonio José Galán y Alfonso Galán.

El autor hispano-argentino Anselmo González Climent, en su obra “Andalucía en los toros, el cante y la danza”, toreros y flamencos se admiran recíprocamente pues les son comunes en su oficio, la virilidad, donaire, tragedia en acto… a los que añadiríamos la ligazón y el ritmo (compás en el arte flamenco) tan importantes en ambos desempeños. Alude el autor que el “olé”, exclamado en ocasiones similares, premia y acompaña al lidiador y al artista flamenco, así como otros términos comunes a los dos artes: temple, tercio, remate, desplante… González Climent establece otros paralelismos entre la lidia y el flamenco: toreo y cantes cortos o largos (en cuanto a la cadencia de las interpretaciones, no en cuanto a su duración). Las suertes de la lidia serían comparables a variantes de cantes y bailes flamencos. Así establece que el toreo al natural equivale a la soleá y a la seguiriya, las chicuelinas a las alegrías o las manoletinas a la saeta.

Por otra parte y en igual términos comparativos, el cantaor Pepe de la Matrona declaró: "A la seguiriya le doy el título de toro de casta pastueño, porque deja al torero colocarse como quiera, por su rítmica que tiene más espacio; y a la soleá la llamo el toro bravo de casta, que es muy difícil saberlo torear para hacer y deshacer dentro de su ritmo, porque es un ritmo con más precisión, que le da menos sitio al que canta…los dos cantes son de casta, pero uno se deja torear y el otro no".

Otro denominador común al toreo y el flamenco es su condición instantánea, su efimeridad, cuya intensidad y riqueza en vivo no pueden ser recogidas por ninguna grabación o filmación. La plena libertad expresiva del toreo se da en la capa, mientras que en el cante se cumple en las bulerías. Otros tratadistas y comentaristas, expresan desde distintos enfoques, la similitud de los dos artes.

A juicio de Martínez Herrero, el buen torero es como el buen flamenco “que ha de sentir lo que hace y ha de llevar el ritmo, el compás como los pases del toreo tienen el suyo”. Pedro Camacho señala: “Manolo Caracol torea (digo: canta) como Cagancho canta (digo: torea)”.

Montero Alonso observa: “Una apretada hermandad une a los toros y al cante. Están en la misma línea española y popular. Despiertan pasiones colectivas, vehementes. Los olés acompañan al éxito del torero y del cantaor. Son casi los mismos públicos, los de uno y otro arte”. También señala que "en el cantaor como en el torero, los hay de técnica, oficio y sabiduría, y otros de inspiración, emoción y arrebato”.

Ricardo Molina insiste en la irrepetibilidad de ambas artes: “Cada copla, incluso cantada por el mismo intérprete, es siempre distinta, en igual sentido que es irrepetible una faena taurina”.

Afinidades de artistas de los dos artes encontramos ejemplos como Pedro Romero con el cantaor El Fillo, Joselito con Chacón, Rafael El Gallo con Manuel Torre, Belmonte con Enrique El Mellizo, Manolete con Manolo Caracol o más recientemente Camarón de la Isla con Curro Romero y José María Manzanares. Las ventas, los tablaos y las plazas de toros han sido y seguirán siendo puntos habituales de confluencias tauroflamencas. Entre estas reuniones destacamos la asiduidad de Juan Belmonte a los mundillos flamencos, donde según dicen testigos de la época “cantaba con corta voz pero con buen estilo y sentimiento”. Cayetano Ordoñez “Niño de la Palma” oía el rasgueo de una guitarra y ya estaba Cayetano en pie, para erguida su figura y en alto los brazos como si fuera a clavar banderillas, se arrancaba con el taconeo del baile gitano. El vallisoletano Fernando Domínguez, un bailaor de firme categoría… o los mismísimos Antonio Chenel “Antoñete”y Curro Romero que junto a Gitanillo de Triana se atrevieron a grabar un disco de fandangos. Tanto Antoñete como Curro Romero se les da bien la ejecución del fandango de Enrique el Almendro.

Así pues, el flamenco y el toreo, siempre de la mano. #DíaInternacionalDelFlamenco

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