Ahí nos dan libertad absoluta. Ahí es el espacio en donde procuramos ser Caín y Abel, en un paraíso enfermizo de vegetación al que le arden los fuegos por los cuatro costados. Ahí no les importa ni les interesa quién mate a quién, quién dispare contra quién, quién someta a quién. En Varsovia lo llamaron gueto. Un espacio cerrado sólo para judíos, con la libertad de devorarse en su hambruna, a la espera de qué decisión final se tomaba con ellos. No es un símil exacto, pero sí con una literalidad apropiada sobre el concepto de nuestra libertad.
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