En la provincia de Jaén, un buen final de verano nos hizo presagiar un buen año a todos...
En la provincia de Jaén, un buen final de verano nos hizo presagiar un buen año a todos los que durante parte de nuestra vida nos la pasamos mirando al cielo, esperando las ansiadas lluvias. El otoño, como tantas otras veces, nos jugó una mala pasada y la escasez de precipitaciones dejó solo en un breve apunte las ilusiones generadas. Vuelta de nuevo a los camiones de pienso, al cargo en el banco y quizás a lo más importante el ganado (sobre todo las vacas de vientre) sin el lustre, que a pesar de la merma económica de la explotación, no consigue darle el pienso. Las lluvias han acompañado a la provincia de Jaén de manera intensa, quizás en exceso, desde la entrada del invierno, pero eso, en esa época y en esta tierra solo es esperanza; esperanza de flores en primavera, embalses llenos, vacas gordas con lindas reatas de hocicos blancos rebosados de leche, toros lustrosos de pelos limpios y ganaderos preocupados de su remate “no vaya a ser que con la hierba se entretengan y no se pongan para lidiarlos en tal o cual feria”. Pero mientras esa esperanza se convierte en realidad han sido los pobres animales los que han soportado las palizas de la climatología, resguardándose de los malos aires en la hombría o la solana mas espesa de monte, empapados de agua y soñando (seguro que ellos también sueñan) en que por fin el sol saldrá, les calentará el lomo, les removerá la sangre y las flores le confirmarán que efectivamente ya es primavera.
'Cuaderno de Campo' de otros ganaderos
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