He sentido la muerte de Nano en lo más hondo, como todos los que sabemos lo que es enterrar a un hijo. Sin duda lo más duro que le puede ocurrir a un hombre.
Amigo Victoriano, no tengo cuajo para llamarte, y además sé por experiencia que en estos momentos no estás para atender ni las llamadas de pésame. He sentido la muerte de Nano en lo más hondo, como todos los que sabemos lo que es enterrar a un hijo. Sin duda lo más duro que le puede ocurrir a un hombre, porque son ellos los que por ley natural deberían enterrarnos a nosotros. Me temo que incluso cuando nos veamos, hablaremos como siempre de nuestras cosas de juventud y de los mil y un recuerdos de una vida que, como la nuestra, ya comienza a ser larga. ¿Para qué hurgar en la herida? Pero sí quiero que sepas que aunque para mí la noticia ha sido un mazazo, no se me oculta que no es comparable a la puñalada que te acaba de asestar a ti la vida. Victoriano, torero, mis más sentidas condolencias, y fuerza, mucha fuerza para superar esta prueba implacable a que estás siendo sometido por el destino.
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En la muerte de Nano
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