Lejos quedaron los años en los que Sergio Domínguez sorprendía al público por el desparpajo y la emotividad que demostraba a caballo siendo casi un niño. Ahora, más de una década después, el riojano ha logrado expresar un toreo más rotundo y más clásico que nunca, pero que está condicionado por un escollo: el rejón de muerte. Lo sabe, lo reconoce y lucha con ahínco para superar una adversidad que lastra muchas tardes la calidad de un toreo basado en una cuadra abanderada por Gallito y Quite.
- “Los años te dan poso y naturalidad pero el público no te lo valora igual que cuendo eres una novedad”
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“En Logroño demostré la pureza de mi toreo”
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