Madrid, Madrid, Madrid… Felizmente. Es San Isidro, todos los días han pasado cosas de interés. El debut de Román; la corrida de Parladé; la reaparición de Ponce revestida de solemnidad y magisterio; la puerta grande de Fandiño con dos bemoles, digo con dos orejas; las maneras de Ángel Teruel, quede claro que en tiempos en los que tanto abunda la vulgaridad es un auténtico despilfarro que le tengamos parado; el arrimón de Adame, los entradones diarios en tiempo de crisis… todo ello -sin olvidar los fiascos de las tardes de La Palmosilla y Couto de Fornilhos-, da proporciones o frecuencia de triunfo que no es fácil recordar en Madrid donde durante muchos años las rachas vacías de interés parecían prolongarse sin fin.
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En San Isidro cada cual fue cada cual
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