Enrique Ponce es un hombre feliz. El valenciano regresaba ayer a Toledo cuatro años después de su última actuación allí y lo hizo dejando su impronta en una faena para el recuerdo. "He disfrutado mucho, es de esos días que uno se vacía por dentro".
"El toro me permitió torear muy para mí y muy despacio", recuerda el torero de Chiva respecto al enclasado cuarto toro de Domingo Hernández. "Me quedo con los naturales que ha habido, algunos muy largos. Es de las faenas que se sienten muy dentro y no solo por el toreo fundamental sino por los remates", comenta.
Para el valenciano, la mayor satisfacción que existe tras 25 temporadas en activo es "ver a la gente vibrar después de tanto tiempo. Me hubiese gustado pasear el rabo", concluye.
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