Me encanta ver novilladas sin y con caballos, y de hecho veo todas las que puedo, bien en directo o a través de la televisión, pues ver estos espectáculos es ver el futuro de la Fiesta. En estos días estoy disfrutando del ciclo de novilladas de Villaseca de la Sagra, uno de los mejores del orbe taurino, por su buena organización y rigurosidad en todos los aspectos, empezando por el ganado, siempre muy bien presentado. El pasado 5 de septiembre pudimos ver una tarde de toros memorable, como hace tiempo no veía. Se anunciaban novillos, que realmente eran toros, pue todos cumplían los cuatro años este mes, con gran trapío, de Conde de Mayalde para Gonzalo Capdevila, de El Puerto de Santa María, Javier Zulueta, de Sevilla y Tomás Bastos, de Portugal. A todos les había visto y sabía de sus muchas condiciones para ser gente importante en el toreo. Los novillos dieron un juego variado, y los tres novilleros estuvieron bien, aunque destacaron especialmente el portuense Capdevila, que puso la épica en su máxima y amplia expresión, y Tomás Bastos que aportó la lírica, también en su máxima expresión.
Capdevila se fue a la puerta de toriles a recibir a sus dos novillos y en su segundo, cuarto de la tarde, además de recibirlo con una larga cambiada de rodillas, luego, en el tercio, le dio dos más y a la tercera se le había quedado tan cerca que no le dio tiempo a mover el capote y el novillo lo arrolló, le metió el pitón por la ingle, le arrastró varios metros, y le dio una tremenda voltereta, de la que quedó inmóvil sobre la arena. La cogida fue impactante. Lo llevaron a la enfermería, y en la plaza todo el mundo tenía la sensación de mucha gravedad. Pero cuando Zulueta se dirigía, con muleta y ayuda, a torearle se avisó de que esperasen unos momentos porque Capdevila saldría. No nos lo podíamos creer, pero salió con el muslo izquierdo vendado, y la plaza entera se puso de pie para ovacionarle por su tremenda gesta. Estuvo muy bien con ese novillo, al que tras un pinchazo y estocada, le cortó una oreja con mucha fuerza, que mostró al público y volvió a la enfermería. La emoción alcanzó niveles inimaginables, porque su entrega, su disposición, el querer ser toreo y su valentía, en definitiva, fueron inmensas. La vía de la épica, como decía, alcanzó niveles altísimos. Este Gonzalo quiere ser torero y condiciones para ello le sobran.
Y la otra vía, la lírica, por la que llega la emoción en el toreo, la puso Tomás Bastos. Le había visto sin caballos, y sabia de sus excelentes maneras, de su concepto, tan puro, clásico y artístico, pero lo de este viernes con sus dos novillos alcanzó niveles que me atrevo a decir es lo mejor que he visto en lo que va de temporada. ¡Que manera de torear, de templar la embestida, de llevar al novillo toreado, vaciando su embestida de forma perfecta! El toreo que Bastos mostró en Villaseca es de muchísimos quilates.
Enhorabuena a la organización de este ciclo de novilladas, enhorabuena a los novilleros, y mi deseo de una muy pronta recuperación para Gonzalo Capdevila, para que pronto pueda vestirse de luces y mostrarnos su valor sin limite y su buen toreo. Espectáculos como el que vimos el viernes en la plaza de toros de La Sagra hacen muchos aficionados.
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Épica y lírica en la Sagra
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