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Es justo y necesario

Es bueno que se honre a los toreros retirados que han dejado huella en el toreo. La distinción de Andrés Vázquez como Hijo Predilecto de Villalpando ha sido un acierto, porque gracias al “Nono”, como se apodó en sus comienzos, el nombre de esa población ha quedado grabado en la historia de la Tauromaquia. Pero hay otros con los que el toreo tiene una deuda que es fácil de saldar, y, sin embargo, se les tiene en el más ignominioso olvido.

Pedro Martínez “Pedrés” hizo que el nombre de Albacete brillara en el mapa con un fulgor desconocido hasta entonces. Me refiero a los años cincuenta del pasado siglo, cuando Pedrés y Montero llenaban trenes de aficionados albaceteños en ilusionados viajes para verlos en las principales plazas de toros de España. El peregrinaje hacia Madrid fue espectacular. Luego, Montero, que también fue un gran torero, se quedó descolgado y Pedro se situó en la élite del toreo, haciendo suyos todos los terrenos del toro. Era “el terreno de Pedrés”, que todos los que lo pisaron después de él fueron figuras y se hicieron ricos.

Visto el olvido en que se le tiene en el ámbito taurino, en el que hoy se mueven muchos hombres que nunca le vieron torear y desconocen su grandeza y personalidad torera, además de su bonhomía, deberían ser las instituciones albacetenses -Ayuntamiento, Diputación, Ateneo...- quienes levantaran la bandera para rescatar el nombre de un torero que le dio lustre al toreo y eco a la capitán manchega en el mundo entero. Un hombre del que dijo el poeta: “Como los molinos quieto, como los molinos serio”, aquel Pedrés que se encomendaba en los momentos difíciles a la Virgen de Los Llanos (patrona de la capital manchega), como los toreros sevillanos se encomiendan a La Macarena o al Cristo del Gran Poder.

Desde que la poderosa muleta de Pedrés se adueñó de aquellas distancias, en las que hasta que él llegó quemaban las suelas de las zapatillas de los toreros, se torea de otra manera. A partir de Pedrés el toreo fue más verdad que nunca. Pedrés marcó un antes y un después en el toreo. Por su Fallero, sus apretadas arrucinas, sus pases por la espalda, porque se cruzaba tanto con los toros que no tenía más remedio que sacárselos por detrás, por su entrega, seriedad y calidad como muletero, y también por su hombría de bien, el torero de Albacete merece la Medalla de Oro del Toreo. Ignoro si él se daría cuenta –su salud, quebrantada por una maldita caída, quizás no le permitiría gozar de ese honor- pero a muchos miles de aficionados, que sí recordamos al Pedrés que nos ilusionó obligándonos a viajar para no perdernos sus mejores faenas, sí que nos alegraría que por fin se le hiciera justicia.

Y un punto final: Señor Ministro de Cultura, si este billete cayera en sus manos, por favor, indague entre los aficionados y la gente del toro que ya tenemos más pasado que futuro, y comprobará que concederle el preciado galardón a Pedro Martínez es, como dice el Prefacio, justo y necesario. Amén.

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Es justo y necesario

Paco Mora

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