No se sabe bien por qué, y habrá por tanto que averiguarlo, la mayoría de las escuelas de tauromaquia han perdido últimamente peso, presencia y prestigio. Perder esas tres cosas es señal de decadencia. O al menos, un síntoma alarmante. Se habla de las escuelas dotadas de subvención pública y no de las contadas escuelas privadas que todavía admiten aprendices y aspirantes, ni de los concursos que con grandes desvelos organizan y celebran patrocinadores desinteresados. En Portugal, en Francia y en España.
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Escuelas y artistas
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