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Estómagos agradecidos

Cuando los estómagos agradecidos sacan su fobias y sus filias a pasear se les ve el plumero de tal manera que sus esfuerzos consiguen resultados diametralmente opuestos a los que buscan. Anabel Alonso y Joaquín Kremel han dado una buena muestra de ello, atacando en las redes a los trabajadores del mundo de los toros porque exigen unos derechos que tienen más que pagados con sus cotizaciones profesionales. Ambas mediocridades solo han conseguido hacer el ridículo. Suerte para ellos, que no los conocen más que en su casa a la hora de comer.

No se sabe de ninguna feria taurina que se haya celebrado con subvenciones estatales y sin embargo un porcentaje importante del cine español no se hubiera podido filmar sin el esturreo de dinero que ha recibido esa industria, procedente de los impuestos pagados por todos los españoles. Sobre todo, las películas protagonizadas por los eximios doña Anabel y don Joaquín, que por cierto ni ella la va a quitar su puesto en la historia de la cinematografía mundial a Greta Grabo ni él a Sir Laurence Olivier. Se podrían dar con un canto en los dientes si dentro de veinte o treinta años alguien del mundillo del cine supiera que existieron siquiera. ¡Quienes fueron a hablar! Dos medianías de un sector totalmente mediatizado por una determinada ideología, a base de bicocas y prebendas sin las cuales no hubieran visto jamás sus imágenes en las pantallas ni filmando un anuncio de Profident.

Los antecesores de su jaez en la citada industria se hartaron de protagonizar películas laudatorias del Nacional-Catolicismo como “Raza”, “A mí la Legión”, “El Alcázar no se rinde” y otras por el estilo en las que se criminalizaba a rojos malos- malísimos y se ensalzaba a patriotas fascistoides. El dinero entonces les venía por el otro lado, y había muchas Anabeles y bastantes Kremeles dispuestos a poner énfasis, contra contante y sonante, en el Glorioso Alzamiento Nacional y sus heroicos defensores. Nada nuevo bajo el sol.

En fin, para qué seguir… ¡Sería tan fácil dejar hecha unos zorros a la pareja de marras con solo pasearles por delante sus petardos cinematográficos, preñados de odio a los que no piensan como los que les pagan! Pero se da el caso de que en esta ocasión se han pasado tres pueblos, porque los banderilleros, mozos de espadas, cuidadores del ganado en el campo y personal que se mueve en el amplio entramado que significa poner en pie una temporada taurina, son trabajadores en paro forzoso que llevan muchos años cotizando al fisco sin la mínima posibilidad de enriquecerse, como para callar ante la andanada de esta pareja de “cineflautas” que les niegan el pan y la sal. Pero hay que distinguirse en la defensa del Gobierno Sánchez-Iglesias. A ver si cae algo, ¿verdad? Y es que los cómicos de la legua, que ni a eso llegan los infrascritos en cuestión, siempre fueron unos pillastres…

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Estómagos agradecidos

Paco Mora

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