La Revolera

Expectación y decepción

Paco Mora
lunes 20 de mayo de 2013

No se puede hacer un buen cuadro sin pinceles ni pinturas. Es lógico que Morante se estrellara contra el lienzo de Las Ventas sin dejar constancia de su arte. No tuvo toros...

No se puede hacer un buen cuadro sin pinceles ni pinturas. Es lógico que Morante se estrellara contra el lienzo de Las Ventas sin dejar constancia de su arte. No tuvo toros que le hicieran atisbar la posibilidad de una de sus faenas para el recuerdo. Alguna verónica entonada y varios muletazos cadenciosos en su primero y pare usted de contar. Su segundo tenia más peligro que una víbora en un bidé. No tenía ni un pase y Morante obro en consecuencia. Sartenazo y a otra cosa mariposa. Morante en estado puro. Los grandes broncas son para los grandes toreros, pero le quedan otras dos tardes, con dos hierros distintos. Esperemos que den mejor resultado que los de Juan Pedro. Esperemos.

El lote de Manzanares se movió un poco mejor, solo un poco, y el de la “terreta” estuvo dentro de su estética con una serenidad y reposo que tal parecía que estaba toreando en el patio de su casa. Todo armonioso, bien hilvanado y dentro de su estilo preciosista que arranco los oles y las palmas de la mayoría de la plaza y también la inquina de quienes pretenden enseñarle a torear y le atacan con la cantinela de que si la pierna para atrás que si el talón levantado. Menos mal que las voces y el tableteo critico que sale de cierto tendido venteño, cuando torea el hijo de don José María Dolzs – al que por cierto también discutían- le dan al alicantino vitola de torero que no deja a nadie indiferente. ¡Anda que no le gritaron a Luis Miguel! Y a Manolete le enseñaban las entradas… Ánimo José Mari, que el jueves pasado saliste de Madrid más torero que entraste. Estuviste muy por encima de tus toros, que en tus manos hubo momentos que incluso parecieron mejores.

Jiménez Fortes estuvo hecho un tío el día de su confirmación, tanto en el del “discurso” de cuatro palabras de Morante como en el del suyo de dos y media –vaya par de locuaces- en la devolución de espada y muleta con las que el de La Puebla le había armado matador de toros. El malagueño se mostró muy firme, jugándose el tipo con el percal y la franela con una reciedumbre que permite augurarle un futuro de torero de gran personalidad y arrastre. Pero hay que cuidar esa tizona. Y jugar la mano izquierda, que es la que mata. Los toros de Juan Pedro lo tienen crudo en Madrid, pero es que no dieron motivos para otra cosa…

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