En la mañana del pasado jueves recibimos con profundo dolor y tristeza la noticia del fallecimiento del veterinario, amigo y gran aficionado a los toros Manuel Díaz-Meco Álvarez. Contaba noventa años y en los últimos años arrastraba problemas de salud que lo mantuvieron algo alejado de la que fue una de sus grandes pasiones: los toros.
Nacido en tierras vallisoletanas, cursó sus estudios en la Facultad de Veterinaria de Madrid, desarrollando una dilatada, ejemplar e importante trayectoria profesional. Fue veterinario titular por oposición con destino en la localidad granadina de Montejícar, jefe del Centro de Inseminación en la Escuela de Capacitación Agraria de Marmolejo y Veterinario del Cuerpo Nacional, ejerciendo como jefe del Servicio Provincial de Ganadería de Jaén.
Comprometido con su profesión, se reflejó también en su labor corporativa, siendo presidente del Colegio Oficial de Veterinarios de Jaén entre 1971 y 1977, institución que lo nombró presidente de honor en el año 1996. Académico Fundador de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de Andalucía Oriental, desempeñó la presidencia como segundo presidente de la corporación entre 1979 y 1983. Fue distinguido en 1979 como Comendador de la Orden Civil del Mérito Agrícola y en 2022 Académico de Honor del Colegio de Veterinarios de Jaén.
Gran aficionado a los toros, fue jefe del servicio de veterinarios de la plaza de toros de Jaén, ejerciendo una labor seria y comprometida. Ejerció durante muchos años de asesor veterinario en los festejos celebrados en Jaén y su provincia, imponiendo seriedad en la presentación de los toros, en una labor impecable y aún recordada.
Fue uno de los fundadores, secretario y profesor de la Escuela Cultural de Tauromaquia de Jaén desde el año 1997, donde impartió su sabiduría a todos esos chavales en sus primeros años de aprendizaje. Un certamen de la Escuela de Tauromaquia de Jaén lleva su nombre como homenaje bien merecido a su labor impagable, celebrándose todos los años en el coso de la Alameda de Jaén.
Pero ante todo, Manuel Díaz-Meco era una buena persona. Un señor, un caballero, amigo de sus amigos, serio y comprometido con su profesión y con la sociedad. De exquisita educación, con unos profundos valores, era querido y admirado por partes iguales.
Era un placer compartir largas conversaciones con un sabio del toro bravo. Auténticas lecciones nos llevamos todos aquellos que tuvimos la oportunidad de conocerle, quererle y admirarle por partes iguales. Lo vamos a echar de menos, aunque su recuerdo, sus enseñanzas y su saber estar quedarán para siempre entre sus familiares y sus muchos amigos
Descansa en paz, Manuel Díaz-Meco, un señor y un amigo.

