El verano se nos va pleno de historias calentitas. Por la caló y por el calor. Que no es lo mismo, aunque las dos palabras comienzan por C de Cuñaoooo. ¿Recuerdan? Los frikis esperpénticos de El Loco de la Colina. El loco, que no tiene nada de loko, tiró un día de los frikis para aguantar el tirón de las audiencias, una forma profunda de tele basura sin que se llame basura ni a la bolsa. Era ejercicio intelectual popular. Hablando de frikis, el verano es puro frikear. Ya no bastan los becarios, que son pusilánimes, se necesitan amateurs que crucen la raya y si hace falta se la esnifen para lograr salir del pueblo y llegar a ser populares. Los frikis. Qué tíos. Y tías. Y ambidiestros. En el toreo no había frikis, pero ya los hay. No me refiero a los costaleros que van y vienen o los que pregonan esta y otras revistas, esos hombres son paisaje puro. Me refiero a los frikis en calidad de amateur en lugar del profesional.
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