Por Antonio Tornay

Fue en Granada

Antonio Tornay
viernes 04 de junio de 2010

La plaza estaba casi llena, cartel de figuras, la tarde serena como un cielo de verano y van saliendo al ruedo los toros. Le cortan orejas a casi todos pero hace ya un tiempo…

La plaza estaba casi llena, cartel de figuras, la tarde serena como un cielo de verano y van saliendo al ruedo los toros. Le cortan orejas a casi todos pero hace ya un tiempo y no recuerdo muy bien los detalles. En mi mente sí visualizo las imágenes. Lo sustancial. Todos los toreros pedían al Presidente que perdonara la vida al astado. Uno de los que aquella tarde saltó al ruedo fue indultado por su bravura, nobleza y comportamiento en la arena. La plaza puesta en pie fue quien pidió el indulto. Justamente concedido para engrandecimiento de la fiesta de los toros.

Salieron los bueyes y el toro los miraba sorprendido como diciendo ¿quiénes sois? ¿Qué hacéis aquí conmigo? ¿ A qué habéis venido? Yo no os conozco… Al poco tiempo de estar todos juntos, respondiendo a la voz del mayoral no opuso resistencia y les siguió. Recuerdo al publico en pie, aplaudiéndole. También los toreros aplaudían. Al son del himno nacional se marchó por la puerta de la esperanza. Había cumplido con su misión de toro bravo y había salvado su vida. Hoy pasta en una dehesa de Andalucía con su harén de vacas. Su criador lo mira siempre con orgullo y satisfacción porque también había cumplido con su cometido. ¿Que cómo se llama?… Y qué más da, llamarle como queráis y sirva lo que os cuento como homenaje para todos los toros indultados y para sus criadores. Yo sólo recuerdo que estaba anocheciendo, fue en Granada y yo lo vi.

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