Pocos días antes de la tragedia de Talavera, Joselito le propuso a Belmonte que ambos exigieran lidiar la corrida de Miura en todas las ferias que contrataran. Con ello, Joselito pretendía poner freno a las acusaciones que se les hacían de imponer el toro terciado y las ganaderías cómodas y menos agresivas, abusando de la fuerza de su tirón taquillero que obligó a monumentalizar los cosos taurinos. Monumentalidad en cuyo diseño fue tenida muy en cuenta la opinión de Gallito, que influyó en la modernidad y racionalización de las plazas, con sus aportaciones a los arquitectos encargados del proyecto. Un vomitorio en cada tendido, fue una idea -aportada por Joselito- que ayudó grandemente al fácil acceso y a la evacuación rápida de los inmuebles. Hasta que José y Juan llegaron al toreo, el aforo de los tauródromos oscilaba entre las dos mil y las siete mil localidades.
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