Llega el invierno. La temporada ha sido pequeña y meritoria. No era fácil dar toros con tantos problemas. Y bueno, pues ahí está una mini campaña que tiene su mérito pero que deja en escaso valor la temporada. Al menos en cuanto a creación y mantenimiento del espectáculo. Yo agradezco el esfuerzo de empresarios a los que algunos llaman “menores” pero que han sido los héroes que pusieron algo de música a este silencio taurino. Y los esfuerzos hay que premiarlos. Pero la pregunta es: ¿Con esto salvamos la temporada? Desde luego que no y tras darle las gracias a los que pusieron algún movimiento en este desierto no queda otra que mirar al futuro.
Este año ha sido un año menor para la Fiesta. Sin ferias que son el sostén del espectáculo, sin Castellón, sin Valencia, sin Sevilla, sin Madrid, sin Pamplona, sin todo el norte, con el 90% de la campaña confinada en el armario. Y yo tengo que ser claro: si el próximo año por culpa de la pandemia o por culpa del gran sector empresarial que no mueve un dedo si no puede meter la mano, no hay toros en esas ferias, apaga y vámonos. Porque estamos dando motivos a los antis con esta debilidad manifiesta. Hay que abrir las plazas grandes porque solo dando las ferias importantes cobra sentido el que haya plazas de segunda, tercera y de cuarta. Pero si al puzle le cortas la cabeza y la cabeza con las grandes ferias, estamos dando motivos para que los antis se sientan felices.
¿Hay un rayo de esperanza? Debe existir. Todo, la Fiesta y el mundo entero cambiaría sin esas vacunas que dicen que están ya al caer y son de verdad la solución. Dependemos todos y también la Fiesta, de que el próximo marzo haya desaparecido el bicho este y todo vuelva a la normalidad
Y hay otro punto clave: las ganaderías. ¿Cómo se llama este espectáculo? La fiesta de los toros. Sin toros esto no existe. Y la cornada que llevan los ganaderos con este año terrible es profunda. Hay tragedia en el campo. Hay ganaderos que van a reducir la ganadería, otros que se van a quedar con la muestra y algunos que cierran por defunción de la ganadería. Y esta es gorda. Que las figuras, excepto Ponce, toreen una, dos, tres o ninguna, es un cataclismo. Pero que la ganadería se mengüe y se va a menguar en un veinte por ciento, es una pérdida grande de futuro. Pero las habrá que perderán el treinta o el cuarenta, o dejarán la ganadería en la mitad o acabarán cerrando porque cuando todo va cuesta abajo, el desastre económico de un criador de toros es brutal. Y me gustaría saber, con dolor, claro, en cuánto se va a achicar la ganadería de bravo para el futuro inmediato e incierto.
¿Hay un rayo de esperanza? Debe existir. Todo, la Fiesta y el mundo entero cambiaría sin esas vacunas que dicen que están ya al caer y son de verdad la solución. Dependemos todos y también la Fiesta, de que el próximo marzo haya desaparecido el bicho este y todo vuelva a la normalidad. Lo que sí sería un cataclismo es que hubiera que esperar un año más. El 2021 tiene la palabra. Y los empresarios grandes también. Los pequeños ya han cumplido.
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Hay que abrir las plazas grandes
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