La olla del toreo está que hierve. La afición tiene la sensibilidad a flor de piel y el ánimo peligrosamente inclinado a responder a la violencia con violencia. El ataque a la libertad del Parlamento Catalán, prohibiendo los espectáculos taurinos en Cataluña, y los desafueros orquestados por sicarios bien pagados contra los aficionados, que hacen uso de su libérrima voluntad para ir a los toros, pueden conducir a un ambiente irrespirable. A este pueblo, que tan difícil le fue recuperar sus libertades, le irrita que traten de dictarle sobre sus gustos y preferencias. Si no nos decidimos cuanto antes a trabajar por la supervivencia de la Fiesta, y el respeto que merece como patrimonio cultural de todos los españoles, el pueblo llano tomará la iniciativa, como siempre que en este país se hizo algo que merecía la pena. Debemos movernos todos en la misma dirección y establecer las etapas necesarias para llegar a la meta deseada, sin esperar a tener que actuar por imperativo de las circunstancias.
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