Hay vida debajo del lujo. Hay vida y hay toreros que merecen atención y una oportunidad aunque tengan que sudarlo. Le ha pasado a Nazaré que no salía de algún relámpago en las tardes ardientes del verano en Sevilla. Y ahora va sacando el cuello y ese punto de artista bueno que habita en su mano izquierda. Nazaré, como tantos, arrancaba a mitad de temporada y este año ha madrugado bajo los hielos de la sierra de Madrid tamizados por la modernidad necesaria de una pedazo de plaza. La Candelaria de Valdemorillo.
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