Aplausos
1 de junio de 2020, 6:42:27
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ENTREVISTA CON PONCE, POR JOSÉ LUIS BENLLOCH


"¿Que si ahora mismo cuajaría a Lironcito igual que entonces? Yo creo que sí y mejor"

"Julio Iglesias grabó un disco hace poco con todas las canciones de sus inicios. Le pregunté por qué lo hacía y me dijo: ¡Porque ahora canto mejor! Es lo mismo. Cualquier toro de antes, ahora lo cuajaría mejor", subraya el valenciano en vísperas de su regreso a los ruedos

Por José Luis Benlloch


Una serpentina como remate de una serie de naturales y todo seguido, sin solución de continuidad, Ponce se queda colocado y lo liga con el de pecho… era un momento Ponce de lo más clásico y electrizante, lo hizo mil veces, era, lo seguirá siendo, el momento previo a la ovación hasta que aquel día el toro no obedeció y le prendió… El resultado fue una rodilla catastrófica y todo el sufrimiento e incertidumbres que vinieron después. ¿Tendrías ganas de volverlo a repetir?... la serpentina, el de pecho y salida de la cara del toro con final feliz.

-La hice el primer día que volví a torear.

-¿Fue premeditado o te salió?

-Me salió inconscientemente, sin pensarlo, es mi toreo. La cogida la tengo pasada. Como suelo decir en estos casos… ¿dónde nos habíamos quedado?...

-¿Dónde?

-Donde estábamos. ¿Lo dudas?

-No.

-Lo que más me preocupaba, más que la respuesta de la rodilla, eran las sensaciones que podía sentir. Salía del periodo en el que más tiempo había estado en mi vida sin torear y quería comprobar mis relaciones con el temple, con el ritmo, con la vaca… ya sabes.

-¿Y?

-Pues me pareció que había toreado el día anterior. Me maravilló y me dio muchísima moral. La paré con el capote, con la rodilla flexionada, muy suavecito… Me emocionó sentir aquello y fue cuando me dije: ¡Estamos donde nos habíamos quedado!

“Más que la respuesta de la rodilla, lo que más preocupaba eran las sensaciones que podía sentir al volver a torear. Venía del periodo en el que más tiempo había estado en mi vida sin torear y quería comprobar mis relaciones con el temple, con el ritmo, con la vaca… y me pareció que había toreado el día anterior. Me maravilló, me dio muchísima moral”

-Los trastos también se alegrarían. Me imagino el diálogo: Hola amigo… a tus órdenes.

-En realidad no me extrañaron, habíamos estado juntos, toreado de salón a diario, unas veces, al principio sin siquiera apoyar la pierna y últimamente ya con todas las consecuencias. Obedecían perfectamente. Lo que les trasmitía con la mente y con las muñecas era lo que fluía. Fue lo que más moral me ha dado. Más que lo físico.

Enrique, en un ambiente amigo, no es de los que necesita que le insistas para que desgrane sus sentimientos y continúa.

-Al principio me parecía imposible que volviese a correr. Te ves tan mermado, tan limitado… Fueron momentos duros que exigen que la mente esté muy bien y, aunque caigas en el pozo de la debilidad y la duda, te haga reaccionar.

-La mente, pero también supongo Paloma, las niñas, los amigos…

-Todo es necesario. Ver más a las niñas me daba ánimos, claro. Todo ayuda.

Esta parte de la charla fue telefónica. Tuvo lugar el mismo día que mandó que encerrasen una becerrita en Cetrina para medir sus sensaciones. Estaba feliz. Antes de colgar quedamos para el día siguiente. “¿Te va bien en casa de Daniel?”, me propuso. “Me va bien”, le contesté. Ir a casa de los amigos con amigos siempre me va bien.

Acertamos, el sabio se explayó en la placita y en la tertulia. Se sentía la felicidad que provoca el objetivo alcanzado. Hablaba y hablaba de toros. Sin límites, sin hora, exuberante el discurso, gozoso, orgulloso también, hablaba de técnica y de sentimientos, de toros… Todos escuchaban en su alrededor. Si se torea como se es y como se está… está donde estaba. Un tranco más, me apunta alguien. Pues eso.

Ni un día más ni uno menos. Y muy disciplinada. Así ha sido la rehabilitación de Enrique Ponce, al que una tarde negra de Fallas aquel toro de infausta memoria, Declamador de nombre, no respetó la orden del maestro y en lugar de seguir la muleta lo lanzó al aire para que cayese mal y se tronchase literalmente la rodilla para alarma de propios y extraños. ¡Si cae Ponce, los demás vivimos de milagro! Los doctores le diagnosticaron “rodilla catastrófica”, nada que truncase su ánimo.

“Los consejos hay que darlos después de la corrida o en el periodo de entrenamiento. Muchas veces tienen razón y me sirven, pero en la plaza queda feo. En el ruedo se supone que tú eres el maestro y el que sabe de aquello”

Ciento treinta y cuatro días han pasado desde entonces y el maestro Ponce ha vuelto a sentir el respirar hondo de una becerra, ahora sí, siguiendo sus órdenes. Era una prueba clave de la que ha sido testigo Aplausos. Ahora restan apenas diez días (cuando escribo) para que vuelva a enfundarse la taleguilla de seda y oro, será el 10 de agosto en la Plaza Real de El Puerto de Santa María, ya saben, donde Joselito el Gallo dijo aquella frase célebre de “Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es una tarde de toros”, que quedó esculpida en los tratados de tauromaquia. Así que Ponce, un clásico donde los haya, la señaló como nuevo punto de partida y el toreo tiene los ojos puestos en el milagro. “Me hace una ilusión tremenda”, confiesa.

-Desde el principio nos planteamos no precipitarnos pero aun así hemos ido al límite. Hicimos un croquis de cómo debía de ser la recuperación dentro de los plazos y los hemos respetado. El mes y medio primero sin apoyar la pierna fue el periodo más duro. Estaba muy limitado de todo. No podía moverme, luego empecé a fortalecer el cuádriceps con cuidado para no dañar el ligamento cruzado, que necesita un tiempo de maduración. Y al tercer mes comencé a torear de salón.

-Los cinco meses eran la meta.

-Ese era el tiempo para reaparecer. Es lo que nos marcamos desde el primer momento y aquí estamos. Hemos cumplido los plazos a rajatabla. Eso dice mucho de la buena cirugía a la que me sometió el doctor Villamor y también del paciente, que soy yo. Se trataba no solo de recuperar la parte física sino también la mental. Creo que ha sido una recuperación ejemplar.

-Entiendo que habrás tenido mucho que pensar.

-Hubo un momento, como te dije, que no podía ni andar y en esa coyuntura, claro que piensas. No sabes si podrás volver a caminar sin secuelas, si podrás volver a torear este año, que era algo que estaba en el ambiente. Yo sentía que muchos dudaban.

-¿Tú no?

-Yo no. Solo pensé en volver cuanto antes. Eso me ayudó a no relajarme. En cuanto pude, cogí la muleta. Toreaba de salón sin apoyar la pierna, pero tener la muleta en la mano y sentir su peso, seguir transmitiéndole órdenes y sentir que seguía obedeciéndome, me animaba. Había momentos en los que el cuerpo me pedía hacer más pero seguí los consejos del doctor, que me insistía en que aunque yo pensase que ya estaba bien, no lo estaba.

-Empiezo a pensar que uno se recupera como torea, con cabeza.

-Sí, es posible que sea así, sí. En este caso, tú piensas que puedes hacer determinados esfuerzos y seguramente puedes pero no debes. Yo me aguanté esas ganas.

-¿Te ha sorprendido tu disciplina?

-Un poco sí. Me mentalicé para ello y lo logré. Estaba en juego el futuro de mi rodilla y en realidad lo sigue estando.

“Mi grado de celo profesional es alto. Aunque ahora está más pendiente de lo que siento que de los demás, cuando toreas con los compañeros el celo de estar por encima se mantiene, el amor propio es el amor propio”

-Victoriano, tu apoderado y suegro, era partidario de que esperases a la temporada americana, pero en esta ocasión no tuvo éxito.

-Él quería que dejase pasar este año, pero...

-¿En el toreo te has dejado aconsejar, un maestro escucha?

-Claro. He hecho caso y me he dejado guiar y aconsejar pero cuando he tenido algo claro… lo he tenido claro. Pero siempre escuché. También te digo que he sabido a quién escuchar. Pero en todos los órdenes, en el ruedo y en la vida misma. Me gusta aprender. A veces uno piensa que lo sabe todo y no es cierto. Hay quien te puede aportar mucho y te enriquece. Esa es la mejor manera de evolucionar.

-¿Escuchas y …?

-Luego yo soy quien lo valora. Eso es parte clave de mi evolución.

-¿Delante del toro se atreve alguien a decirte algo?

-Delante del toro no es el momento. Los consejos hay que darlos después de la corrida o en el periodo de entrenamiento. Muchas veces tienen razón y me sirven, pero en la plaza queda feo. En el ruedo se supone que tú eres el maestro y el que sabe de aquello.

EL PRIMER TENTADERO

El encuentro es en Alcaraz, concretamente en Cortijo del Campo, los predios del ganadero Daniel Ruiz. Escenario de lo más reconocible en el mundo del bravo. Son las estribaciones de la sierra del mismo nombre, justo cuando la nacional N-332 enfila recta hacia Andalucía. Es un juego de líneas paralelas camino de su destino: la nacional mismamente, el Guadalmena en busca del padre Guadalquivir, y la plataforma ferroviaria de aquella línea no nata Baeza-Utiel que debía darle salida europea al Mediterráneo por Canfranc. Debía porque llegó la guerra incivil y se abortó aquel sueño. La plataforma es ahora un carril bici, faltaría más, las estaciones, casas rurales, y los túneles, plantaciones de champiñón a la espera de que el corredor Mediterráneo resuelva una asignatura que nadie acaba de resolver nunca. En los cercados de la parte de El Carrizal pastan los toros de corrida que turrean amenazantes ante el trajín de forasteros y en las rastrojeras de Gorgojí, las vacas de vientre, ya a boca de parir, conforman el ciclo vital de los bovinos más cuidados del universo.

El maestro ha llegado puntual. Cuando el atardecer comienza a aliviar la dureza del termómetro. Impecable en el vestir. Lo primero es parecerlo, le enseñó su abuelo Leandro, y mantiene la norma. Pantalón ajustado a modo de calzona, veraniega, naturalmente; botines de cuero fino, en realidad un guante; un cinturón con reminiscencias aztecas en el dibujo; camisa entallada y una gorrilla bien calada. Nada es extremo en Ponce, solo su constancia y la fe en sí mismo. Desde muy niño estuvo convencido de que iba a ser torero bueno y lo fue. Y ese es solo un ejemplo de los muchos que jalonan su trayectoria, el último, esta reaparición.

Le han preparado ocho vacas que comparte con su amigo Javier Conde y con los chicos que han aparecido al reclamo de esas voces que en estos casos se expanden por las dehesas sin que nadie sepa nunca quién las puso en marcha. Para todos tiene un consejo y una palabra de ánimo. Se ha detenido con el nuevo Manolo Caballero, con quien su padre se mantiene prudentemente al margen. El maestro Ponce le ha corregido dos detalles, la altura de la muleta y la colocación… y de vuelta a la vaca el chaval ha estado fenomenal.

-A mí cuando era niño también me gustaba que los matadores me prestasen atención.

Luego salieron el resto de chicos, incluido el niño de Gonzalo González que apunta cosas muy buenas y Antonio Palacios, de La Roda -¿Qué tiene Albacete?... ¿Una mina de toreros?...-; toreó Sancho, nieto de Sancho Dávila, que se prepara para el festival de Povedilla; un novillero llegado desde Málaga, Cayetano López, Pablo Toledano y hasta Jorge Casals, que aparcó un momento el ordenador y mantuvo el nivel como el mejor de ellos.

La actuación de Enrique ha sido de auténtico maestro entre el beneplácito general. Poncistas y menos poncistas, leales de toda la vida y conversos recientes asentían en cada muletazo. El ganadero que asentía como el que más, lo pueden imaginar, le fue subiendo el grado de dificultad. Primero, una terciadita y dulce para romper el fuego; la segunda, más brava, y la tercera era prácticamente un toro que se quedaba corta y le obligó a emplearse a fondo. Todos observamos sus movimientos sin pestañear. No se resiente. El cónclave respira aliviado. Asienten en cada giro. El propio torero lo confirma.

“¿Que qué me importa una oreja más o menos?… Pues sí me importa, si me la he ganado y la pide la gente no sé por qué no me la tienen que dar. A mí no me importa las que he cortado, a mí me importa el presente. Es de lo que vivo”

-Me he encontrado muy bien.

Al acabar, una leve hinchazón denota el esfuerzo. Ya le había advertido el doctor Villamor que al día siguiente, en la penúltima revisión, le resta importancia, tan solo le recomienda una bolsa de hielo y que reduzca la preparación física.

-Todo marcha bien. Me ha hecho la prueba del cajón y ha comprobado que el cruzado está firme.

NI UN GRAMO DE MÁS

Ni el parón le ha afectado el peso ni la hechura. Se quita méritos: “Es cosa genética. En ocasiones mi problema ha sido adelgazar demasiado y me veía obligado a recuperar”. Así que el sastre apenas le ha tenido que tomar medidas desde no se sabe cuándo. Los trastos que tanto cuida sí dice que los ha variado. Son los pequeños detalles que definen su empeño por la perfección.

-El peso es más o menos el mismo. El capote sí es un poco más pequeño y la muleta prácticamente igual, pero con un poco más de cuerpo. En la primera época toreaba con una muleta muy chica, hasta que me di cuenta que con una muleta chica no se puede torear bien. No vuela, no hay belleza en el muletazo o hay menos belleza. Estamos hablando de centímetros, pero es algo que se nota. Yo lo noto. En cualquier caso no soy un obseso del tema.

-¿No?

-No, no. Tú me das un saco y soy capaz de torear con él, pero me ha gustado buscar la estética, la armonía. Los trastos tienen mucho que ver con la armonía. No con la defensa, pero sí con la belleza. Tu cuerpo y tu capote o tu muleta deben tener una armonía.

-Sentar bien.

-Eso. Tienen que ir compensados. No hay más que eso. Es una cuestión visual. No es nada técnico.

-Entonces, muleta grande.

-Tampoco un muletón, si es más de lo que te corresponde se convierte en algo que se ve horrible. Tiene que ser acorde a tu cuerpo, compensando. No puede ser igual la muleta de Ferrera que la de Perera. Equilibrio.

-Equilibrados y lacios.

-También.

“Estoy en una etapa en la que gusto más con el toro bueno. Lo que pasa es que yo considero que soy un torero muy poderoso, que cuando ha salido un toro malo he sido capaz de meterlo en la canasta y eso se ha valorado mucho. No lo voy a negar pero con el bueno es con el que realmente luzco. Y ahora aún más”

-A propósito, ¿qué te llevó a esa mejora tan evidente de tu toreo de capa?... ¿Acaso que ya no te importa administrar el toro para el último tercio?

-No, no. Solo que he querido evolucionar. Siempre quise mejorar en todo. El capote era un poco mi asignatura pendiente y quizás por eso se ha notado más. Ahora me encuentro muy a gusto. Lo siento más que nunca.

-Entonces no era una cuestión de administrar el pan, digo el toro.

-¡Hombre!... Antes a lo mejor no hacía un quite y ahora sí lo hago. Lo que no significa que en ocasiones no me quede con las ganas. Hay que intentar que el toro dure para la muleta. Parece una tontería pero a veces con un quite te puedes cargar un toro. En ese sentido hay que ir un poco a favor del toro, a que aguante. Un quite a destiempo puede ser fatal, pero sí es cierto que ahora lo pienso menos.

EL AMOR PROPIO

-¿Has seguido la temporada?

-Más o menos, sí.

-¿Tú, más o menos?... No te creo.

-La he seguido, sí. Sé lo que pasó en Sevilla, lo que ha pasado en Madrid… Ha habido triunfos importantes. Algunos toreros más nuevos incluso sin llegar a salir a hombros han triunfado, han dejado su tarjeta de credibilidad y los de arriba se han mantenido arriba, pero no me gusta juzgar a los toreros.

-¿Cómo mantienes el grado de celo profesional?

-Alto. Bien. He llegado a un momento en el que mi grado de celo profesional está más pendiente de mi evolución y de lo que siento que de los demás. También es verdad que cuando toreas con los compañeros ese celo de estar por encima se mantiene, el amor propio es el amor propio, pero no me llena tanto como mis sensaciones.

-Te tengo que creer, claro.

-Créeme. Date cuenta que llevo treinta años de matador de toros.

-Por eso mismo. Uno no llega a los treinta años con esa plenitud si no…

-Siempre está el piquecito que debe haber, porque uno es torero y eso siempre está ahí pero no sería lógico que fuese como cuando tenía veinte años. Lo que me llena ahora es hacer el toreo como me gusta, mi motivación es por mí mismo. Antes los piques eran más directos.

-Pues todos te hemos visto y no hace tanto que por una oreja de más o de menos te has pillado un mosqueo importante.

-Eso sí. A mí eso me importa, claro que me importa. Me dicen ¡qué te importa una oreja más o menos…! Pues sí me importa, si me la he ganado y la pide la gente no sé por qué no me la tienen que dar. Eso a nadie le puede dar igual. A mí al menos no me da igual. No es agradable.

“¿Que si ahora mismo cuajaría a Lironcito igual que entonces? Yo creo que sí y mejor. Julio Iglesias grabó un disco hace poco con todas las canciones de sus inicios. Le pregunté por qué lo hacía y me dijo: ¡Porque ahora canto mejor! Es lo mismo. Cualquier toro de antes, ahora lo cuajaría mejor”

-Pero si habrás cortado miles.

-A mí no me importa las que he cortado, a mí me importa el presente. Es de lo que vivo.

La temporada ya está lanzada. Va a ser un sin parar. El día siguiente a este encuentro presentó el cartel de Málaga, el siguiente tuvo tentadero y desde ahí en adelante lo previsto era sustituir las vacas por toros… En agosto tiene prácticamente todos los días corrida, sin más reservas. Las recita de memoria “El 10 el Puerto, el 11 Motril, el 14 Málaga, el 15 Dax, el 16 Guijuelo, 18 Gijón, 19 Almería, 20 Bilbao, 22 Bilbao… Ya no me acuerdo de más”.

Tan seguido, que tiene contratado un avión para hacer los viajes más largos… Gijón, Almería, Bilbao, por ejemplo.

-He dicho que me dejen el 17 libre para descansar. Me vendrá bien. Querían que fuese a San Sebastián pero… mejor descanso.

-¿Por qué tantas tardes ahora que la moda es torear poco?

-Porque es lo que toca, porque son las ferias y las figuras tenemos la obligación de estar en las ferias.

El mozo de espadas tiene preparados los vestidos. Los de siempre. Ni la inactividad, ya dije, le ha hecho engordar. Y entre los chispeantes que esperan hay tres nuevos de riguroso estreno y el blanco y azabache en honor del Valencia C.F. con el que sufrió la cogida.

-No pasa nada, no soy supersticioso.

BILBAO, AMOR RECÍPROCO

-Hablemos de Bilbao. Dos tardes nada menos.

-A mí me encanta Bilbao. Ya se sabe. El otro día me enteré que voy a hacer el paseíllo numero setenta. Con eso está dicho todo.

-¿Crees en la química?

-Sí. En este caso la hay. Fue mi plaza trampolín. Y desde entonces mantenemos una historia de amor preciosa. La considero una de mis plazas preferidas. Hay un feeling recíproco. Volver un año más a Bilbao, y sobre todo este que es muy especial, me hace una gran ilusión.

-¿No te importa el toro de Bilbao?

-A mí lo que me preocupa de los toros es que no embistan. El toro de Bilbao es de los más grandes de la temporada pero a mí no me preocupa el tamaño, me preocupan las ideas. Uno chico y malo te puede llevar de cabeza. Y el porrazo es igual, no vayas a creer.

-¿Entonces?

-Lo que pasa es que el toro grande es más difícil que embista. Y eso lo complica todo.

-Siempre hay alguien que dice, a mí Ponce me gusta más con el toro difícil. Y me temo que no te hace gracia.

-¡Hombre!... Ahora estoy en una etapa en la que gusto más con el toro bueno. Mucho más. Lo que pasa es que yo considero que soy un torero muy completo y cuando ha salido un toro malo he sido capaz de meterlo en la canasta. Significa que he sido poderoso con los toros complicados y esa, digamos, que es una faceta más de mi toreo, se ha valorado mucho. Eso es así, no lo voy a negar, pero creo que con el toro bueno es con el que realmente luzco. Y ahora aún más.

“¿El toro de Bilbao?... A mí lo que me preocupa de los toros es que no embistan. El toro de Bilbao es de los más grandes de la temporada pero a mí no me preocupa el tamaño, me preocupan las ideas. Uno chico y malo te puede llevar de cabeza”

-¿Ahora más?

-Claro, porque cada vez toreo más con el alma y eso hace que ante un toro que me lo permita se vea la auténtica dimensión de mi toreo y de mi evolución. Ahora la gente está deseando que me embista uno para verme torear con el alma y despacito, con compás.

-¿Y si sale el malo?

-Pues entonces como siempre. A meterlo en la canasta y a sacarle el máximo partido.

-¿Ahora mismo cuajarías a Lironcito igual que entonces?

-Yo creo que sí y mejor.

-No has dudado.

-Julio Iglesias grabó un disco hace poco con todas las canciones de sus inicios. Le pregunté por qué lo hacía y me dijo: “¡Porque ahora canto mejor!”. Es lo mismo. Cualquier toro de antes, ahora lo cuajaría mejor.

-¿Entonces te gustaría resucitar un toro para volverlo a torear?

-No lo he pensado, pero te digo lo mismo, lo torearía mejor, pero también es cierto que cada momento tiene su punto y en aquellos momentos los toreé como sentí que debía torearlos. Sí te digo que antes y ahora lo haría bajo el mismo concepto.

-El concepto no varía. Estoy muy de acuerdo. Tú eras el mismo en Monte Picayo que ahora.

-Siempre supe lo que quería. El problema de algunos toreros es que no saben lo que quieren o, dicho de otra forma, no se encuentran a sí mismos y eso es una putada. Yo siempre supe el torero que quería ser. Lo llevaba dentro.

“El toreo está más difícil que nunca. Ahora no vale solo con arrimarse. Los chicos salen a la plaza, se dejan matar y no es suficiente. Hay que estar tocado por Dios, se precisa de algo mágico no ya para ser figura del toreo, sino para funcionar”

-¿Qué papel le damos al tiempo en ese proceso?

-El tiempo da madurez y poso para ser el torero que sueñas. Yo estoy en el punto más álgido.

-¿Quieres decir que ya llegaste a lo que querías?

-Todo es mejorable. Si no qué haría aquí.

LA IRRENUNCIABLE TORERÍA

El maestro hace una defensa total y rotunda de la torería en tiempos en los que las modas y la globalización parece que lo hayan uniformado todo. “Un torero tiene que sentirse torero hasta tomando un café. La torería es fundamental, es esencia, algo que no se puede perder ni siquiera infravalorar” y recuerda a uno de los maestros de la Escuela de Valencia con el que coincidió el poco tiempo que pudo asistir, Honrubia: “Paco nos inculcaba ese concepto. Hasta que no andabas con torería no te dejaba torear. Mi abuelo, lo mismo, me decía que para serlo primero hay que parecerlo, que eso era algo principal en el toreo”.

Y en defensa del momento actual, sobre todo de los chicos que están llegando, asegura...

-El toreo está más difícil que nunca. Siempre ha sido difícil pero ahora más, no vale solo con arrimarse. Los chicos salen a la plaza y se dejan matar y no es suficiente. Es muy duro, pero es así.

-¿Entonces?

-Hoy día hay que estar tocado por Dios, se precisa de algo mágico, no ya para ser figura del toreo, sino para poder funcionar. Antes un chaval se arrimaba y le daban crédito, se le ponía a torear. Ya no.

“El toro actual es el más grande de la historia. Y eso que decían que el de antes se movía más, pues tampoco es así ya. El de ahora es el doble y se mueve más que nunca. ¡Y además no perdona!”

-Es como si la gente fuese menos impresionable, ¿no crees?

-Es verdad, el umbral de las sensaciones es más selectivo. La emoción por la vía del peligro ya no cala tanto. La afición lo que quiere es ver algo diferente, quieren ver personalidad, ver al superclase, algo distinto… por eso es tan complicado. Por eso y por el toro actual.

-¿Qué me dices del toro actual?

-Que es el más grande de la historia. Y eso que decían que el de antes se movía más, pues tampoco es así ya. El de ahora es el doble y se mueve más que nunca. ¡Y además no perdona! Todo eso te obliga a estar muy preparado físicamente y muy dispuesto porque en cualquier momento te puede pedir los papeles de profesional y entonces...

-Escuchándote se puede entender que ser torero es un imposible.

-Casi. Siempre ha sido difícil pero ahora, ya te digo, lo es más que nunca. Tienes que ser un superclase o tener una personalidad arrolladora y además arrimarte.

-Tampoco hay gloria más redonda que la del toreo.

-Eso es verdad.

Texto: JOSÉ LUIS BENLLOCH // Fotos: ARANDA

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