Aplausos
1 de junio de 2020, 6:07:05
Reportajes

ENCUENTROS CON JOSÉ LUIS BENLLOCH.- EL PARRALEJO (I)


Pepe Moya: “Nuestra preocupación desde que hemos llegado a Monte de San Miguel ha sido respetar su espíritu y su historia”

La bonita historia de El Parrajelo, que inicia una nueva etapa en la legendaria dehesa de Aracena

Por José Luis Benlloch


Diez años después El Parralejo vuelve a vestir galas bautismales, ahora en Monte de San Miguel. Es como si se abriese un segundo capítulo en lo que es sin duda una bonita historia de toros y naturaleza en un momento nada fácil para el toreo. Érase una vez… así podría comenzar por lo que tiene de onírico esta segunda parte de la aventura. Pues eso, Érase una vez en Monte de San Miguel… Lo situamos. Seo de lo bravo, espacio de la grandeza de toda una época recién pasada. Historia viva del toreo contemporáneo. Andalucía, su cultura y su gente en versión serrana: arquitectura, historia y prehistoria, gastronomía, grutas, la vieja mezquita, la iglesia prioral, el parque natural... Cerramos el foco. El maestro Manolo González, en el recuerdo. Los núñez y su pasito de más, en el recuerdo. Ahora es el tiempo de Domecq, de Domecq y de Pepe Moya. Y de Concha Yoldi, claro, su mujer, y de su hijos, también de sus nietos, que ya han comenzado a tomar notas en el palco del ganadero. Una familia entera tras una ilusión común que les une. ¿Abuelo qué le pongo?… Ponle pronta y brava… ¿Y de trapío qué le pongo?… Ponle de plaza grande… La niña tiene apenas diez años y la escena muchas claves la mar de alentadoras. Ante esa aldea global en que se ha convertido el mundo empeñado en ponerle sordina a la tauromaquia, el futuro se gana con la educación y el conocimiento. Abuelo ya está…

El sueño ganadero de los Moya ha crecido desde la iniciática dehesa de El Parralejo que le daba nombre a la ganadería, hasta Monte de San Miguel, desde Zufre a Aracena. El aficionado bien sabe el camino. Se sale de Sevilla, dejas la autovía de la Plata en la Venta del Alto, coges la N-433 a Portugal e inicias un cordón ganadero de primer orden, a un lado y otro de la carretera: Casa Toril, Buenavista, El Castillo, La Zorrera, Lo Álvaro, Juan Esteban, el propio Parralejo y así hasta llegar a Monte de San Miguel, la gran referencia, una dehesa para soñarla. Ni pintada. Bonita y buena además de histórica y muy vivida: Espartaco, Manzanares, Cepeda, Muñoz y los propios González, sus anteriores y recientes propietarios, convivieron en jornadas camperas inolvidables. Ese es el lugar de la cita en este viaje. Llegamos puntuales. ¡Cualquiera se lo pierde!

Una familia entera tras una ilusión común que les une. ¿Abuelo qué le pongo?… Ponle pronta y brava… ¿Y de trapío qué le pongo?… Ponle de plaza grande… La niña tiene apenas diez años y la escena, claves la mar de alentadoras. Ante esa aldea global en que se ha convertido el mundo empeñado en ponerle sordina a la tauromaquia, el futuro se gana con la educación y el conocimiento

Más allá del interés periodístico tenía una ilusión personal que me empujaba a llegar para reencontrarme con un lugar que siempre fue para mí una referencia de amistad: Manolo, Ignacio y por encima de todo y de todos el maestro, el más artista de los valientes -¿o era el más valiente de los artistas?...- una personalidad entrañable que lo llenaba todo… gente amiga que siempre me abrió sus puertas de par en par. No hubo sorpresas en el reencuentro, no cabían dada la personalidad de los Moya. El viejo espíritu de Monte de San Miguel y su historia se mantiene vivo y respetado como no podía ser de otra forma.

La cita tenía como objetivo preinaugurar la nueva plaza de tientas a la espera de celebraciones más formales. Una deferencia a Aplausos que se agradece. Pepe Moya, Concha Yoldi, su hijo Juan, los nietos, la niña Lourdes tomando notas y Rafael Molina, el álter ego ganadero de esta historia, el hombre que mantiene vivo el día a día para que nadie ni nada entorpezca ni ralentice el proyecto, esperaban al periodista y amigo que una cosa no tiene por qué andar a la gresca con la otra, así que por esta vez periodista y amigo muy satisfecho con lo que encontró.

A Monte de San Miguel, mil ciento setenta hectáreas en las mismas paredes de Aracena, se entra por un carril de tierra que rompe abruptamente con el mundo urbano en una especie de requiebro al asfalto de la carretera nacional. Es como precipitarse en una ensoñación. Las dos pilastras que flanqueaban la entrada, con el hierro de la silla a un lado y el de Belmonte al otro de cuando los núñez, siguen donde siempre; la hornacina con la virgen de Fátima a la que tanta devoción tenían los marqueses de Aracena sigue bendiciendo la llegada de los visitantes. El desfiladero de eucaliptos gigantes que escoltan el camino, los cercados escaparate de la entrada, los regatos de agua viva que mejoran el otoño, el manto verde de la otoñada… son detalles que certifican el lugar. Estamos donde estábamos.

Al llegar, tras los saludos de rigor, comenzó el tentadero. Mejor dicho, los preliminares. En el nombre del padre, del hijo… Padre nuestro… la misma liturgia que aquel día de la primavera de 2009 en El Parralejo cuando conocí in situ el proyecto de Pepe Moya. Se sienten ilusiones renovadas, tan vivas como las primeras. Plaza nueva, una joya dentro de la gran joya que siempre fue Monte de San Miguel. Lo justo y necesario para no desentonar a la vera del palacete que el gran Aníbal González dibujó primero y levantó todo seguido por orden del Marqués de Aracena cuando el siglo XX se acercaba a la mayoría de edad. Ya ha llovido. Y tanto. Esa es la otra riqueza de Monte de San Miguel, donde llueve mucho y bien incluso cuando no llueve en otros parajes. Basta con echar un vistazo en los cercados, que ya hace semanas que verdean con vigor.

Pepe Moya: “Nuestra preocupación desde que hemos llegado a Monte de San Miguel ha sido respetar su espíritu y su historia. Entendemos que este lugar es patrimonio del mundo taurino y de Andalucía por su historia y por los personajes que la han vivido y como tal hemos querido preservarlo todo de la forma más fiel posible”

La integración en el paisaje de la nueva plaza es perfecta, al punto que cuesta distinguir si las encinas más que centenarias nacen en la misma plaza a la que dan abrigo y belleza claustral o simplemente la escoltan. La nueva obra es un ejemplo de respeto al paisaje y a la historia. Está situada en el lugar exacto donde siempre quiso el maestro González levantarla, en la vaguada que se abre al pie del jardín de la casa que, con sus arriates y alineaciones vegetales, adquiere reminiscencias nazaríes. Protegida de los vientos y de fácil acceso, diría que invita a torear. Lujo sobrio en los detalles y funcionalidad en las instalaciones para la que se ha aprovechado la experiencia de su antecesora de El Parralejo. Es evidente que ahora que tanto se lleva la negación, en Monte de San Miguel se cultiva el respeto como máxima familiar.

“Nuestra preocupación desde que hemos llegado a Monte de San Miguel ha sido respetar su espíritu y su historia. Entendemos que este lugar es patrimonio del mundo taurino y de Andalucía por su historia y por los personajes que la han vivido y los que han pasado por sus dependencias, y como tal hemos querido preservarlo todo de la forma más fiel posible”, me cuenta Pepe Moya en cuanto hemos llegado, a la vez que nos mostraba la restauración de las dependencias que enfrentan al palacete, lugar que se destinaba en otro tiempo a vivienda para los trabajadores y servicios de la finca, es decir el almacén, las caballerizas, el taller, el lavadero, el granero, el palomar, el gallinero y el garaje hoy reconvertido en unos espléndidos salones en cuya chimenea, muros y repisas siguen luciendo los hierros de los González, ahora compartiendo protagonismo con el de El Parralejo.

EN RECUERDO DEL MAESTRO

La cabeza del toro Tacholero, que es en realidad como se llamaba el ejemplar de Baltasar Ibán con el que se despidió del toreo Manolo González en Barcelona, el 23 de julio de 1961, campea en lugar destacado del salón. De aquella tarde queda la anécdota que acompañará siempre a una decisión improvisada, o quizá no tanto, del torero del barrio de la Trinidad, la de ponerle punto final a su carrera en los ruedos con una escenificación cargada de suspense y discreción. Apenas nadie se había dado cuenta de que el maestro al rematar el cuarto toro le pidió a Antonio Pavón, su célebre y ocurrente mozo de espadas, que le quitase el añadido. Los periodistas, sorprendidos y ante la duda de lo que había sucedido, al acabar el festejo llamaron al hotel donde se había vestido para confirmar la noticia. Cogió el teléfono Pavón, que dio toda clase de explicaciones a su manera -“Que ci que ci, que s’acabó”- y cuando le preguntaron por el nombre del toro del adiós contesto rápido -“Ruina, se llama Ruina”- y así quedó reflejado en algunos medios que no entendieron la ironía del gitano, que se refería al futuro profesional que se le abría con la retirada del matador, que, por cierto, nunca llegó a correr el menor peligro por cuanto el maestro, ya alejado de los ruedos, siguió contando con él como uno más de la familia. Otra de las referencias al pasado que pervive en el salón es otra cabeza de toro, éste de Manolo González, al que Paco Ojeda le cortó las orejas la célebre tarde del 12 de octubre de 1982 en Sevilla, en la que el sanluqueño estoqueó seis ejemplares de la casa y confirmó su relanzamiento. El trapío del toro marca radical y claramente las distancias entre el toro de aquellos tiempos y el que se exige en la actualidad.

La cabeza del toro de la retirada del maestro Manolo González ilustra una de las paredes del salón. Tacholero se llamaba y tiene anécdota. Cuando algunos críticos le preguntaron por él al mozo de espadas contestó: “Ruina, el toro se llama Ruina”, ironizando sobre su futuro y así quedó reflejado en algunos medios. No acertó en su pesimismo

Las otras cabezas que ilustran el salón llevan el hierro y la divisa de El Parralejo, además de haber destacado por su bravura, así rezan las placas que les acompañan, fueron protagonistas de momentos históricos. Camillero preside el salón, le dieron la vuelta al ruedo para premiar su excelente juego nada menos que en Pamplona el año 2014 y queda muy a las claras, no las tiene, que Borja Jiménez le cortó las dos orejas tras una gran faena. Lugar destacado también para Rabanito, éste lidiado de cuatreño e igualmente premiado con la vuelta al ruedo, en su caso en San Sebastián, en la semana Grande de 2017, al que López Simón cortó la oreja.

Una colección de vestidos de torear, carteles murales, auténticas joyas de las principales ferias, especialmente de Sevilla, como la feria de 1921, feria de un entonces jovencísimo Chicuelo que se anuncia en cinco de las seis corridas, la primera de ellas el Domingo de Resurrección, para estoquear seis ejemplares de Urcola, completan una decoración en la que prima la distinción y queda desterrado el abigarramiento.

Seguidamente comienza el tentadero. El primer ensayo general a la espera de la inauguración oficial. Como queda dicho, todo sucede bajo la liturgia tradicional de la casa. Al palco del ganadero se ha sumado Ricardo Gallardo, que estuvo, sigue estando, en el origen de la historia junto a Borja Domecq, las dos fuentes a las que Pepe Moya acudió para comprar vacas y sementales cuando decidió hacerse ganadero sin que desde entonces se hayan distanciado cuando les han pedido consejo y/o sementales.

La obra de Aníbal González

El palacete de Monte de San Miguel, de claro estilo sevillano, fue construido a principios del siglo XX y es obra del gran arquitecto Aníbal González, a cuyo talento se deben otros edificios y construcciones tan referenciales como la Plaza de España de Sevilla. Con una claras y diversas concesiones al neomudéjar, consta de dos cuerpos de edificio distintos, la casa principal de gran vuelo y porte, y los consagrados a los servicios que encarados acaban conformando un patio de acceso muy atractivo.

Toñete es el torero invitado de la jornada, acompañado de su maestro Manolo Sánchez. A caballo estuvo Agustín Romero, al que avala nada menos que el trofeo de triunfador de Madrid tras hacer la suerte como mandan los cánones la tarde del desafío ganadero entre Rehuelga y Pallarés. Esa ha sido la referencia que me han dado cuando tomaba las notas para hacer el acta del acto. Dicho queda pues, el picador del desafío y bien que lo confirmó con su buen tino y conocimiento de las labores de tienta. Y estaba, naturalmente, el mayoral, Sergio Núñez. Un grupo de yeguas y potras de espectacular capa perla se asomaban curiosonas a la plaza desde el encinar inmediato, como si no acabasen de entender aquel trasiego de gentes extrañas. Y como lo primero es lo primero, antes de nada En el nombre del padre, del hijo… Padre nuestro… la familia e invitados en recogida reunión oraron en el centro de la plaza como previa a dar suelta a la primera parraleja que se tienta en Monte de San Miguel.

Colorada, gorda como un tejón, lustrosa, diría que con pelo de primavera cuando aún andamos por diciembre, erala aunque tenga volumen de mucho más, con el guarismo del 8, está marcada con el 691. Es hija de Pamplonica, lo que me hace preguntar qué relación tiene con la Navarrica que inauguró la placita de El Parralejo. Pues toda la del mundo me confirman cuando indago, Pamplonica es a su vez hija de Navarrica, aquella vaca número dos, negra como las moras que partió plaza en El Parralejo y, por tanto, la que acaba de saltar a la plaza es su nieta. Navarrica ya no existe, fue una buena vaca, que aunque no dio productos excepcionales sí dejó el buen recuerdo de dos novillos que se lidiaron en Pamplona y Sevilla.

La vaca que inauguró la nueva plaza de tientas de Monte de San Miguel quiso el azar que fuese hija de la Pamplonica y nieta de la Navarrica, que fue la primera que se tentó en la anterior plaza de El Parralejo. Fue vaca importante, que es como en la actualidad se define a los animales que mezclan bravura y nobleza en las proporciones que evitan despistes y aburrimiento

“Ha sido casualidad”, me asegura Rafael Molina, “la ha metido el mayoral según su criterio y sin conocer lo sucedido en aquel tentadero”. Un buen síntoma hay que pensar si tenemos en cuenta la trayectoria seguida por la ganadería en este tiempo. Pamplonica ya no forma parte del hato de vacas de la casa, que, salvo los casos más excepcionales por la bravura que transmitan a la descendencia, se renueva apenas han cumplido los diez u once años. La calidad que dan los tentaderos permiten esa renovación. El año pasado, me apuntan, de ciento dos becerras tentadas se aprobaron treinta y cinco y tampoco es cuestión tal y como están los tiempos de hacer una ganadería excesivamente larga.

Es pronta y alegre en el caballo. Tiene mucha vida, que en este caso quiere decir codicia y prontitud. Plantea un buen reto a los lidiadores y de primeras se advierte que va a permitir las confianzas justas, ni una más, ni descuido alguno hasta que asuma el poder del torero. Agustín le da sin miramientos, nada que le amilane. Cuando desde el palco le dicen a Toñete que la toree tengo la sensación de que la hija de la Pamplonica no tiene asegurado su futuro dado su carácter y la mucha competencia que hay en la casa para entrar a formar parte de la nómina de vacas madre y porque, no se puede obviar, no acaba de mostrar ese mínimo de comodidad que se exige hoy día en los carteles de figuras de las ferias.

-¡No se sale de la muleta!, se escucha una voz, ¡Viene pronto pero le cuesta salirse! es la matización que se añade al primer comentario. La observación es cierta, aunque lo achaco para mis adentros a su bravura encastada, a la movilidad que exhibe, a la codicia, a ese no se qué que añade dificultad al toreo y hace pensar. En su favor hay que reconocerle que embiste humillada y responde al buen gobierno que le aplican.

Ricardo Gallardo, que se sabe las reatas y las ascendencias de memoria, achaca esa movilidad a la ascendencia núñez que ha descubierto en la vaca: “Eso le viene del 39-Tramposo, que era hijo de un toro de Jandilla y una vaca de Núñez, de ahí sale esa movilidad”. La información que parece aclararlo todo sería la segunda casualidad de la mañana, en este caso para enganchar con los antecedentes ganaderos del lugar.

El viejo espíritu de Monte de San Miguel y su historia se mantiene vivo y respetado como no podía ser de otra forma

Todos los inconvenientes comienzan a desaparecer a medida que la muleta de Toñete se va imponiendo. La vaca va a más, sigue humillando, prolonga el viaje hasta allá donde le mandan y comienza el disfrute. No es que rinda las armas pero asume el mando del torero que igualmente va a más. Toñete rompe a sudar, la vaca respira hondo, con ese jadeo que tanto impone en los toros cuando vas buscándole la colocación en el pitón de fuera antes de retarle de nuevo. ¡Fu, fu, fu! que si es en invierno se convierte en dos chorros de humo que imponen al más pintado. Es un pulso hermoso. En el tramo final de la larga faena todos los presentes tienen claro que es vaca importante, que es como en la actualidad se define a los animales que mezclan bravura y nobleza en las proporciones que evitan despistes y aburrimiento. Toñete asiente y ratifica la impresión general: “Me ha servido mucho”, lo que traducido al lenguaje de los ciudadanos de a pie no significa otra cosa que ha tenido que tirar de recursos y aplicarse a fondo en la victoria. En realidad lo que debe ser.

Llegado ese punto hay que bautizar a la hija de Pamplonica y se mantiene la tradición, el nuevo nombre debe tener relación con el nombre de la familia para que se la pueda identificar con facilidad y si puede ser, si la imaginación da para ello, que la relacione con alguna cuestión que le sea propia. “Ponedle Miguela”, ordena el ganadero, que se explica rápido: “Por el nombre de la finca, ha sido la primera que hemos tentado aquí y por San Miguel de Aralar”, se refiere al arcángel que tantas devociones históricas despierta en Navarra. Así que como Miguela pasará a los libros de la ganadería.

Luego el ganadero ordenó que le soltasen un toro de corrida a Toñete. “Ahora que ya has calentado, metemos el toro”, avisó para que no hubiese sorpresas. Para los amigos de los datos, el toro, el primero de su género que se lidia en la plaza, es negro, se llama Reflexivo, estaba reseñado para lidiarse en Logroño pero en una pelea fratricida se partió un cuerno por la cepa y se quedó en el campo. Buen toro en conjunto, de los que en plaza permite cortarle las orejas. Fue a más, se impuso al hándicap del piso de la placita que a esas alturas de la tienta ya acusaba el estreno y dificultaba los movimientos de todos y sacó la nobleza necesaria para dejarle un buen sabor a Toñete, que acabó apostando a las cercanías.

Hubo más becerras, todas de nota alta. Toñete siguió disfrutando; ganaderos e invitados cruzaban opiniones cada vez que había ocasión para ello; el sol tibio del invierno aportaba calidez a la brega mañanera e invitaba a despojarse de los tabardos; el grupo de yeguas perlinas, también llamadas isabelas, seguían en el encinar atentas a todo lo que sucedía en la plaza… Tras el tentadero llegó el momento de visitar la camada de los toros de saca, pero ese es tema para el reportaje de la semana que viene.

Aquel tentadero en El Parralejo y la vaca Navarrica

Hoy se hace oportuno recordar el primer reportaje, mayo de 2009, que Aplausos hizo en El Parralejo, por las similitudes y coincidencias que ha tenido diez años más tarde con este de Monte de San Miguel. Arrancaba así:

La vaca es fina y de elegante hechura. Negra como las moras negras. Tiene cuello, viveza en la mirada, los cabos finos, la piel lustrosa -tan brillante que tornasolea con fuerza los rayos del sol de los primeros días del verano-, no es alta de cruz pero tiene cuerpo y está bien armada. En cuanto ha escuchado el reto del picador ha acudido pronta y se ha empleado con fuerza y estilo al sentir el palo.

-Eso es señal de bravura, apunta alguien en el palco. Se crece con el castigo, asienten.

La reacción de la vaca y sus hechuras ha puesto a todos en alerta. Es la número 2, hija de la Manijera y del 34-Molinero. Buena reata. Lolo, que es picador de toros, de los que saben montar y tiene brazo de hierro, le hace la tienta con rigor. No la alivia ni en el cite ni en la reunión. Le da fuerte y la hija de la Manijera no se rinde, se crece. El encuentro se repite varias veces, siempre con la misma prontitud y la misma codicia. La sangre mana pronta y generosa. Crece la atención en el palco. Con esa hechura es de las que puede dar toros de plaza de primera. Ahí está el secreto de los ganaderos grandes, en hacer toros para las plazas de primera.

La tienta a pie es cuestión del Fino, ya saben que no hay más Fino que Juan Serrano, toda una garantía en estas tareas. Juan, que la ha puesto en suerte con precisión y gusto, sabe que en sus manos está el futuro de esta por ahora nueva Manijera. Y que hay interés. Desde el palco le piden que la apriete y Juan asiente con una sonrisa.

-Vamos a verla, vamos a ver la verdad que lleva dentro.

La muleta del maestro viaja pronto a ras de albero. Son trazos largos y continuados. Cada vez más despaciosos pero siempre firmes. Parece que haya un hilván entre la tela y la mirada fija de Manijera. No sabría decirles si el conjunto era lid o danza. Quizá tenga de las dos. De tanto en tanto parecen detenerse pero un leve aleteo de la tela, apenas perceptible, o la voz del propio Fino invitándole a continuar, permite recuperar de nuevo el ritmo y la complicidad.

La euforia va ganando territorio entre los invitados. ¡Ole, ole, ole!... ¡Trescientos pases lleva!... ¡Bien Juan, bien!, se escucha desde el palco y los burladeros. ¡Torerazo!... y Juan, que se siente halagado y a gusto, aprieta, o, lo que es lo mismo, le baja más la mano… y la vaca resiste e incluso le pone un punto más de calidad a sus embestidas.

-Esta puede dar toros para Madrid y para Bilbao… insisten en la idea desde el palco. El palco, especie de gran tribunal examinador, está ocupado por Pepe Moya, ganadero y propietario, y dos amigos y colaboradores excepcionales, Ricardo Gallardo, ganadero de Fuente Ymbro, a cuya divisa pertenecían los antepasados inmediatos de Manijera, y Rafael Molina, ganadero de toda la vida, que colabora directamente en el día a día con Moya en El Parralejo. Los tres observan y empuñan papel y lápiz. El ganadero pregunta constantemente e intercambian opiniones.

-Me gusta escuchar a quienes considero que saben. Necesito saber.

A esas alturas todos están convencidos de la categoría de Manijera y proponen que la vuelvan a poner en suerte frente al caballo de Lolo. Es un lujo o quizás un exceso. En realidad, pienso, es un riesgo grande y hasta innecesario. La vaca lleva muchos pases en los que le ha apretado Finito de firme y el propio Lolo le ha dado sin piedad. ¡Venga, ponedla! Insisten desde el palco a riesgo de que una renuncia suponga alguna sombra a las notas de Manijera. La colocan a la otra parte de la plaza, de punta a punta. Trona retador el vozarrón de Lolo. ¡Je vaca, je!... Silencio… ¡Je vaca, je!... La vaca descubre al retador, le mira, primero displicente, todo seguido parece pensarlo, los espectadores contienen el aliento, alguno empieza a dudar de si han hecho bien o si se han pasado con la nueva probatura, la vaca levanta levemente el hocico como queriendo coger aire, da un paso, se detiene… suspense, vuelve a levantar el hocico y de pronto alumbra un galope soberbio, primero despacioso y luego más vivo para convertirse en entrega total en el momento de estrellarse contra el peto.

-¡No le des, no le des! Le gritan a Lolo como si Lolo no supiese lo que ya le había dado y que la prueba estaba superada, pero sobre todo que si le daba más la vaca se podía morir embistiendo y con lo que cuesta dar con una vaca así... La euforia se desata entre los presentes. No hay quien no celebre la bravura de Manijera, que desde ese momento tiene la obligación de criar toros para Madrid.

A Manijera, tengo que decirles que como es obligado una vez asegurada su pervivencia entre las vacas madre de la casa, le acabaron cambiando el nombre, a partir de ese día se llamará Navarrica en homenaje a Concha, esposa de Pepe Moya que tiene ascendencia navarra y es quien más le anima en su aventura ganadera. Y en los libros de la casa quedó reflejada la nota final del tribunal: 9 y 8 sobre diez, lo que significa que han valorado más la bravura que la toreabilidad. Finito, que es quien la ha paladeado de más cerca, asiente y matiza el veredicto:

-La vaca ha tenido mucha nobleza, lo prueba que me ha respetado en todo momento, que cuando me ha podido coger no ha querido.

Fotos: ARJONA

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