Aplausos
22 de febrero de 2020, 1:12:48
Opinión

El Palco


Niegan la evidencia

Por Rafael Comino Delgado


Hay varios tipos de antitaurinos, pero en aras de la brevedad solamente vamos a considerar dos: aquellos que simplemente no les gusta el toreo y se limitan a no asistir a corridas, pero no son violentos ni pretenden prohibirlo e incluso se puede debatir con ellos sobre el tema; y los que se oponen radicalmente, son violentos, agresivos, quieren prohibirlo, no se puede debatir con ellos porque no razonan y se consideran dueños de la verdad absoluta.

Los del segundo grupo niegan rotundamente que el toreo sea un arte incluso dicen, demostrando su gran ignorancia, que “no es cultura sino tortura”, y a los aficionados nos llaman asesinos.

Se entiende que haya a quien no le guste el toreo, como hay a quien no le gusta, el rock, el jazz, la ópera, el flamenco o la pintura de Picasso..., pero llegar a los extremos que llegan los antitaurinos radicales y activistas rompen todos los moldes de la sensatez, de la moderación, del respeto entre las personas, de la libertad y de la razón.

Sé que muchos de ellos leerán este artículo, pero también sé que no atenderán mis razones, no obstante, se las voy a exponer para demostrarles que el toreo es un arte y no solo eso, sino un arte único, con unas connotaciones que no tienen las demás artes:

Según la RAE, el arte es: “La virtud, disposición y habilidad para hacer algo”, pero realmente podemos decir que el arte es un sentimiento que al expresarlo genera belleza y cuando además del sentimiento se tiene la capacidad de expresarlo, se es un artista.

Desde que Juan Belmonte introdujo el temple, el toreo se convirtió en arte, por mucho que lo nieguen, y así es reconocido por miles de personajes de la intelectualidad, de la cultura.

El torero tiene un sentimiento que desea expresar ante el toro pegándole pases. Ese sentimiento es como una fuerza de la que no puede librarse, que le atrae hacia el toro, como el pintor es atraído hacia el lienzo para plasmar su sentimiento sobre él. Y tan intenso es el sentimiento torero que el hombre, el artista, acepta el riesgo de perder la vida con tal de poder expresarse.

Todos tenemos dos instintos básicos, fundamentales, que son el de conservación (conservar la vida), y cuando éste está garantizado, el de reproducción. El instinto de conservación le dice al hombre que no se ponga delante del toro, porque puede matarle, pero el instinto de artista le atrae hacia el toro, y finalmente triunfa sobre el de conservación. Es por tanto un arte en el que el artista se juega la vida, algo que no ocurre en las demás artes.

Juan Ripollés, pintor y escultor valenciano, dice: “El peligro real de muerte está ahí, y para los que vivimos la creatividad y sentimos el arte supone una pasión impresionante. El toreo es la única danza en el mundo en que la muerte existe de verdad. Es un drama poético de la vida y la muerte”.

Francis Wolff, catedrático de Filosofía en la Universidad de París, dice: “En el toreo, y por eso es un arte único en su género, la belleza pura no es un valor estético si no se legitima con el riesgo”.

Podría citar miles de personajes de la intelectualidad, de la cultura en todo el mundo, amantes de la tauromaquia, que la reconocen como un arte grandioso. Solo citaremos algunos:

Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, pensaba que el toreo es un arte apasionante, y él lo vivía con intensa pasión.

Camilo José Cela, premio Nobel de Literatura, dijo: “El toreo es un arte misterioso, vivísimo y entrañable, mitad vicio y mitad ballet”.

Ladislao Vadja, director de cine húngaro, tras hacer la película “Tarde de toros”, que todos los aficionados hemos visto (yo muchas veces), dijo: “La fiesta de los toros es el compendio de todos los espectáculos artísticos, porque es algo diferente e impresionante”.

El gran fotógrafo ruso Sasha Gusov, dice: "Como artista, no soy capaz de encontrar ningún elemento de creatividad mejor que la tauromaquia. Es el arte de las artes… ¡Tiene todos los ingredientes!"

Albert Boadella, dramaturgo español, dijo, “Los toros son el último arte con mayúsculas que pervive en nuestra sociedad. El toreo es el arte que mejor expresa la vida, la muerte, la astucia, el miedo, el terror, la agonía, la inteligencia y el buen gusto. No hay en el mundo un ritual tan didáctico, trágico, bello como son los toros”.

Gérard de Pardieu, actor de cine francés, dijo: "Las corridas de toros son un arte sublime”.

El premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, dijo: “La tauromaquia es algo que engancha con fibras muy sensibles. Es un arte contaminado todo él por la belleza”.

El maestro Pepe Luis Vázquez, grandioso torero sevillano del siglo XX, decía que “el toreo es un arte para conservar en algún lugar del corazón de un espectador sensible”.

El torero portugués Víctor Mendes, que antes de ser torero estudió Derecho, pensaba que “el toreo ha sido, es y será un arte efímero y palpitante, instrumentado por dos seres vivos…”.

La tauromaquia es Patrimonio Cultural Inmaterial de España y el toreo es una actividad que está dentro del Ministerio de Cultura, y, además, hay muchos toreros que tienen la Medalla de Oro al Mérito en la Bellas Artes, pues desde 1996 se viene concediendo anualmente este galardón, si bien en los dos últimos años no se ha concedido a ningún torero porque el Gobierno que tenemos es antitaurino.

Además de todo ello, el toreo es el arte que más inspira a todas las demás artes. Ningún arte ha influido tanto como el toreo en las demás artes, especialmente en la poseía, literatura, pintura, música, escultura, etc. El pintor Fernando Botero dijo, en la presentación del libro, “Bullfight: Paintings and Works on Paper”, dijo: “Los toros son un tema maravilloso, le da poesía a la pintura”.

En este sentido recordaremos los versos de Federico García Lorca:

Lagartijo con su duende romano,

Joselito con su duende judío,

Belmonte con su duende barroco,

y Cagancho con su duende gitano

enseñan, desde el crepúsculo del anillo,

a poetas, pintores y músicos

cuatro caminos de la tradición española.

Queremos añadir que este arte único generó, para las arcas del Estado, el pasado año 2018 en concepto de IVA, 118 millones de euros, y es, dentro de las actividades culturares, la menos subvencionada con gran diferencia respecto a todas las demás.

Creemos que, a estas alturas, en el siglo XXI avanzado, decir que el toreo no es un arte demuestra una inmensa incultura, y, probablemente, un serio trastorno mental. Es negar la evidencia.

Finalmente, y aunque sé como antes refería que no me harán el más mínimo caso, creo que deberían plantearse, alguna vez, la siguiente cuestión: Si hay tanta gente importante en el mundo de la intelectualidad que es amante de la tauromaquia y que la considera un arte, no puede ser que haya tantos aficionados que estemos equivocados.

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