Barcelona se echó a la calle para llevar a su mesías sobre las andas de sus hombros. El pueblo aclamaba su libertad negada mientras alzaba la voz con gritos de ¡torero, torero! hacia su idolatrada figura: Serafín Marín...
... Imposible una mejor y más eficaz manifestación de la afición catalana. Se reivindicó el toreo y se reivindicó un torero, Serafín Marín, olvidado por las empresas. No fue casualidad el indulto al toro de Jandilla. Ni triunfalista. Ahí queda esa última faena de la temporada en Barcelona en la que Serafín, dejó claro que aún le queda mucho por decir.
“No he vivido una salida a hombros igual en mi vida. Me llevaron hasta el ascensor unas 200 personas, cortaron la Gran Vía y la Diagonal”
“Ha sido mi mejor faena de esta temporada y de la pasada, indiscutiblemente. Y es que las otras cuatro corridas no me dieron para poder hacer más”
“Me dejé llevar por mis sentimientos, hice el toreo como lo siento y creo que surgió una gran obra; pero puedo torear mucho mejor”
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