Abril es Sevilla. Parecen hechos tal para cual. La luz, la ilusión, el estreno, la primavera, el optimismo, la fiesta, la feria… Llega abril y apetece ser torero. Otra cosa es mayo, ya me entienden, salvo que te llamen de Jerez, pongo por caso, mayo pesa, pero en abril apetece. Y encima ese escenario, único, deslumbrante con sus arcos de medio punto, sus columnas de mármol y su Puerta del Príncipe, monumento a las grandes hazañas y salón de vanidades, pasarela de lujos y encuentro de civilizaciones y, sobre todo, sueño de toreros. La Maestranza magnifica cuanto sucede en su albero. Será la magia. O el color especial de Sevilla. Será lo que sea. Las mismas ganas de ver toros. El caso es que llevamos tres tardes y en todas han pasado cosas de interés. Yo sé que la feria tiene que ser más de lo que ha sido, y lo va a ser, pero de momento no ha habido motivo para el aburrimiento y eso ya es mucho.
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