En 1814 el trazo de Francisco de Goya inmortalizó en dos cuadros la gesta histórica del pueblo de Madrid ante las tropas francesas. De esta manera, se fijó para siempre en la memoria colectiva la insurrección del 2 de mayo, fecha que, además, constituye una piedra angular del ciclo taurino venteño, al dar el pistoletazo de salida al mes de mayo y al posterior ciclo isidril. En ese marco cargado de memoria, y ante un encierro de El Pilar, Javier Cortés firmó una faena al cierraplaza que hizo rugir los tendidos de la monumental. Sólo la espada empañó una meritoria actuación. Torero madrileño y del gusto del aficionado venteño, el diestro se encuentra ahora con un horizonte en el que sólo se vislumbra la Copa Chenel, un salvoconducto en tiempos de escasez de contratos y una forma de seguir reivindicando su nombre en el sistema taurino.
-Madrid es una plaza con memoria, ¿notó que, tras su ausencia el año pasado, la afición le estaba esperando?
-En cuanto salió el cartel anunciado vi que el aficionado quería verme. Creo que encajo bien en Madrid, entre la afición y con el gusto del aficionado, y para ellos también era una ilusión verme anunciado, y así me lo demostraron ya antes de ese día.
-Al primer toro le costó romper y consiguió robarle una meritoria tanda por el pitón derecho, en una faena de mucho temple. Aun así, la afición se mostró algo fría…
-Sí, al igual que sabía que Madrid me esperaba, en ese toro la noté un poco fría. Es verdad que fue un toro que tuvo calidad pero no tuvo transmisión y a lo mejor les costó conectar en la faena. Los noté expectantes para otra faena, pero es verdad que en esa no estuvieron muy metidos. Creo que con el toro hubo cosas de colocación, de apuesta, que en Madrid gustan y que pasaron desapercibidas. Creo que en el toro de El Cid hice un buen quite y la gente estaba un poco a verlas venir.
"Mi ambición es totalmente artística. Si hubiese una pretensión económica o una mejor posición social estaría retirado hace muchos años"
-Durante la faena a su segundo toro se escucharon voces en los tendidos preguntando por qué su nombre no estaba anunciado en San Isidro. ¿Qué siente un torero cuando percibe el respaldo de la afición pero no termina de encontrar ese mismo reconocimiento en los despachos?
-Fue algo muy bonito. Yo estaba con ese segundo toro y en los compases de tiempos, de esperas, de entrar y salir de una tanda, varias voces de aficionados dijeron "queremos ver a este torero más", "¿por qué no está este torero en San Isidro?"... Igual que digo que en la primera faena estuvieron fríos, ahí demostraron sus sentimientos. Fue muy bonito, no sólo por la faena a ese segundo toro, sino porque aficionados exigieran, sin haber terminado todavía mi actuación, que me querían ver otra tarde más. Eso para mí significa mucho, significa que el público me quiere ver y es una recompensa muy bonita.
-Es un torero muy del gusto de Madrid y hay quien ya le bautiza como "torero de Madrid". ¿Se siente merecedor de ese título?
-Creo que esa es una consideración muy a largo plazo y con una trayectoria mucho más larga que la que yo tengo, que ya llevo algunos años, pero creo que ser poseedor del título viene con los años. Es verdad que voy por buen camino. Históricamente, si echas la vista atrás, los toreros de Madrid han sido toreros de la afición y no de la empresa, toreros que les ha costado salir a hombros de Madrid pero que siempre han dado muy buenas tardes, que la empresa no les ha reconocido tanto. Si te pones a pensarlo es algo que ha pasado históricamente, entonces en ese aspecto voy encajando en el molde. Voy por buen camino, pero el tiempo dirá.
-El traje que llevó en la goyesca estaba inspirado en Antonio Ordóñez y la estética de los cuadros de Goya. ¿Es importante en el toreo mantener abierto ese diálogo estético con la historia?
-Es muy importante estar y saber de historia del toreo y, por supuesto, de la indumentaria. Ha pasado que en las corridas goyescas se ha hecho un vestido híbrido, un vestido que era entre el vestido del torero y el vestido goyesco y la indumentaria goyesca al final no parecía goyesca. Mi intención era darle ese aspecto, pero se quedó por el camino. La corrida goyesca es en memoria de los madrileños que echaron a las tropas de franceses de Madrid y eran personas humildes que vestían humildemente; no portan oro, era una indumentaria humilde, y yo era lo que quería transmitir, que mi vestido fuese del pueblo de Madrid.
-¿Cuál es la ambición en el toreo de Javier Cortés?
-Totalmente artística. Si hubiese sido una pretensión económica o una mejor posición social estaría totalmente retirado hace muchos años. Los toreros en mi situación económicamente no poseemos una gran cuantía, pero artísticamente me llena muchísimo. Sentirme realizado como torero, sentirme realizado como artista. Lo que yo pienso, lo que yo sueño, poder hacerlo luego a un toro… Yo dejo de lado lo económico porque si no… Y aunque me fuese muy bien seguiría siendo así. Además, creo que las grandes figuras del toreo siempre han sido así. Las grandes figuras han dejado lo económico a un lado porque lo que quieren desarrollar son sus sentimientos delante del toro.
-En el toreo parece haber una oposición entre el arte y el valor.
-Hasta que se demuestre lo contrario. De hecho, si nos vamos a la máxima figura del momento, al maestro Morante se le consideraba un torero artista y no de valor hasta que ha demostrado lo contrario o la gente se lo ha valorado, porque siempre ha sido un torero que ha tenido valor para desarrollar su arte. Ahora mismo Morante es un torero de los que tienen más valor y es el más artista. En las corridas duras cierto es que ese tipo de toro primero te requiere otras cosas y te pone mucho más difícil otras.
"Estuve tres años sin vestirme de torero. En esos años puedo decir que he sentido más el toreo que nunca, me he sentido más torero que nunca y me he enamorado más del toreo que nunca"
-¿Es Javier Cortés un torero de valor o un torero de arte?
-Ninguna de las dos cosas. Creo que no tengo ni excesivamente valor ni excesivamente arte. Creo que tengo el valor suficiente para demostrar delante del toro que tengo el arte suficiente. Una acompaña a otra. Si tienes mucho valor quizás eres un torero muy poderoso pero no demuestras ese arte y si tienes ese arte quizás te falte el valor y el poder. Yo creo que estoy muy equilibrado porque yo con cualquier toro puedo demostrar mi poderío, con cualquier encaste, y si me sale un toro bueno lo puedo torear artísticamente a mi manera, como yo lo siento.
-Participa este año en la Copa Chenel, ¿a qué se debió la decisión de presentarse a este certamen?
-Mi decisión ha sido por falta de contratos. No tenía clara mi incursión el 2 de mayo y una manera de llegar a Madrid era llegando con la Copa Chenel. El año pasado eché la solicitud y no me la aceptaron y este año sí. Espero poder desarrollar toda mi tauromaquia, tener la oportunidad y si tengo suerte y llego a Madrid pues poder torear en Madrid. Luego tuve la suerte que la Comunidad de Madrid contó conmigo y pude hacer el paseíllo el 2 de mayo.
-¿Lo ve como una oportunidad de reivindicarse de nuevo?
-Lo de la Copa Chenel lo veo como una oportunidad para que me vean personas que no me han visto torear. Hay gente que todavía no me conocía y muchos aficionados nuevos que no me habían visto torear en Madrid ni en ningún lado.
-Además, tanto la corrida del 2 de mayo como la Copa Chenel cuentan con la presencia de la televisión. ¿Ha notado la visibilidad que dan las cámaras?
Estoy notándolo muchísimo. Donde vivo ahora ningún vecino mío sabía que yo era torero, pasaba desapercibido y estos días de atrás me lo han dicho muchos.
-¿Ha sonado el teléfono?
-Sí, tengo la suerte de que después del 2 de mayo han llamado. A ver si podemos encajar los contratos y llegar a un acuerdo, pero por lo menos ha tenido repercusión.
-Es el último "bendecido" por Antonio Chenel, ¿sería justicia poética ganar la Copa Chenel?
-Lo de ganar la Copa Chenel es una motivación, pero quiero ir más allá. No quiero sólo ganar la Copa Chenel. Estoy en este certamen para dejar huella en el toreo. Luego ganaré o no ganaré, pero quiero que la gente diga "ahí hay un torero histórico, un torero grandioso". Eso es lo que quiero y ese sería el ejemplo perfecto del maestro, el maestro no creo que ganara muchas cosas a corto plazo, pero a la larga ha ganado muchísimo. Eso es lo que quiero para mi carrera. El maestro Chenel decía que su gallo era Curro Vázquez. Curro Vázquez no ha ganado muchas cosas en un corto plazo, pero a la larga se ha visto que cuando se hace el toreo de esa manera, con esa sensibilidad, trasciende mucho. Yo no quiero ser un torero de fincas, nunca he tenido esa pretensión económica, pero quiero que cuando pasen cien años digan "había un torero de Madrid que se llamaba Javier Cortés que toreaba como él sólo". No quiero ser un Van Gogh del toreo, pero sí que deseo a largo plazo dejar una huella.
-Después de tantos años en activo y con su circunstancia personal, ¿sigue toreando con la misma ilusión?
-La madurez que dan los años y las experiencias personales pesan. Ahora mismo estoy muy libre en mi vida, hago lo que quiero y delante del toro expongo lo que quiero. Antes a lo mejor no levantaba la mano en un cite, porque a lo mejor pensaba que no me quería salir de los parámetros, pero ahora expongo lo que me sale. Expreso tal y como soy. Me siento una persona libre.
"Cuando no toreas nada y lo echas de menos, toreas en la ducha, toreas en el salón de tu casa, estaba en mi casa y me colocaba delante de una columna como si fuese un toro..."
-¿Hasta qué punto puede hacer mella en un torero el no torear? ¿Deja uno de sentirse torero?
-Estuve tres años sin vestirme de torero. En esos años puedo decir que he sentido más el toreo que nunca, me he sentido más torero que nunca y me he enamorado más del toreo que nunca. Todo lo que puedo o no ser ahora como torero son esos tres años cuando lo desarrollé. Era mi fondo. Cosas que nunca había soñado ni imaginado desarrollar como torero o como artista. En esos tres años que estuve sin torear, las ganas, la falta… ahí es cuando más desarrollé mi tauromaquia. Me he sentido muy torero cuando no he toreado. A lo mejor me encontraba algún vecino y me decía, "ya no veo por la televisión, ¿ya no toreas?" y yo les decía que sí, porque toreaba todos los días de salón y es mi profesión. Lo echaba mucho de menos. Cuando uno torea todos los días, no toreas en el salón de tu casa porque toreas en plazas, vas al campo… pero cuando no toreas nada y lo echas de menos, toreas en la ducha, toreas en el salón de tu casa, estás todo el rato. Yo estaba en mi casa y me colocaba delante de una columna como si fuese un toro. Me nutría mucho, estudié mucho el toreo. En esos momentos yo pensé "o te vas y te dedicas a otra cosa o te implicas, estudias el toreo y te enamoras aún más del toreo y aprovechas estos momentos para avanzar como torero". Eso es lo que hice, avanzar como torero en esos años. Nunca me he dejado de sentir torero y es más, muchas veces me he sentido más torero diciendo que no que diciendo que sí. Me he dejado llevar siempre por mi corazón y por lo que he sentido. Son las ganas y el echar de menos; fue como una droga para mí.
-Las corridas duras son en esos momentos la única posibilidad para torear…
-Llevaba tres años sin torear y la primera corrida de toros que me salió fue en Francia, una corrida de Prieto de la Cal, y dije que sí porque quería torear. Lógicamente dije que sí porque aunque sabía que es una ganadería muy encastada y que no me lo iba a poner fácil, sabía que iba a estar bien porque yo vivía para el toro todos los días y confiaba muchísimo en mí.
-¿Cambia con los años el lugar o el prisma desde el que uno torea?
-De novillero quería triunfar, tenía mi base, pero con los años he ido aportando más cosas. Mi base sigue siendo la misma: entrega, profundidad… con más años de alternativa, con más madurez, pero el que quiera ir a ver a Javier Cortés o quien sabe la tauromaquia de Javier Cortés, sabe que va a ver a un torero con verdad, con profundidad, más refinado o menos, pero la base es la misma. Leí una entrevista del maestro Ojeda que decía que él llegó un momento en su vida que no veía nada de nadie ni leía nada, simplemente hacía lo que a él le salía del alma y la tomé como ejemplo. Nunca se le puede dar la espalda a eso, a tu personalidad.
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