Juan Ortega paró el tiempo en Valencia. Su toreo a la verónica fue de una despaciosidad que pareció dormirse en el lance. La tersura del vuelo, el ritmo de sus brazos caídos, el embroque mecido… Se paladeó cada lance con el alma. Una obra de arte del trianero, todo un homenaje a otro sevillano que fue grandioso con el capote, Curro Romero, que cumplía justamente 65 años de alternativa en esta misma plaza. Dos colosos del toreo a la verónica.
Foto: Vicent Canelles
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