Caminar hacia donde nadie fue nunca es cuestión de aventura. Donde nadie fue nunca se nos agotó hace tiempo. Ya pusimos banderas, puertas y alambres a todos los lugares. La aventura apenas tiene lugar hacia el que dirigirse, pero la aventura existe y el aventurero, en el sentido más literal del término, no sólo existe, sino que sigue siendo necesario. Sigue siendo necesario pensar e idear, contar lo que se idea y se piensa, a pesar de que, haciéndolo, lejos de lograr algo, se logre el calificativo de loco. Quien pensara que el toro iba a embestir despacio y fijo permitiendo una profundidad lenta creativa, fue el gran aventurero del toreo. Quien pensó así, pensó en un toro determinado en tipología, de manos cortas y no zancudo, de sienes no abiertas y de bravura de gran fondo.
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La aventura de torear
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