Si falta Nadal, el tenis llora, pero el negocio del tenis, menos. Si falta Tom Hanks, al cine le sucede lo mismo, o si se lesiona Messi o Cristiano. Si cierra el bar de al lado, no llora nadie, se va al que está al lado del de al lado. Eso se llama alternativa. Acá, en el mundo que se nutre de las alternativas, se ausenta uno y tiembla el misterio. Como no hay alternativa a ese uno, léase Roca Rey, el llanto de las taquillas del toreo es bíblico en sus proporciones. Concluyo que el mundo que se basa en dar alternativas, resulta que no tiene alternativa para la taquilla. Mal asunto.
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