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La corrida del siglo en Valencia: doce orejas, cuatro rabos y dos patas... ¡otros tiempos!

La tarde del 9 de mayo de 1945 se lidiaron en Valencia seis toros de la ganadería salmantina de José María Galache, muy justos de presentación, que dieron un juego extraordinario y permitieron que sus matadores se luciesen en todo su esplendor. Agustín Parra “Parrita”, que recibió la alternativa, estuvo a la altura de los colosos del toreo en ese momento, Manolete y Carlos Arruza, padrino y testigo respectivamente de la ceremonia, en una tarde triunfal, con momento álgidos como el tercio de quites protagonizado por los tres diestros en el tercer toro y la apoteósica vuelta al ruedo de los mismos acompañados por el mayoral de la ganadería, tras arrastrarse el quinto toro de la tarde.

Tal fue la repercusión de la exitosa tarde que se tiene a aquella corrida como la de mayor afluencia de público en la plaza de Valencia, puesto que de creer a todos los que dicen haber asistido a la misma hubiesen hecho falta otras cuatro o cinco plazas como el coso de la calle Xàtiva.

Esa fue la primera vez que alternaban en Valencia Manolete y Arruza y, enmarcada en tal contexto, y sabiendo de la rivalidad entre los dos diestros, los empresarios de la plaza, los señores Alegre y Puchades, organizaron la víspera de la corrida una comida en los corrales de la plaza. El acontecimiento se rodeó de un cierto morbo, ya que a la paella, preparada por el mayoral del coso, Francisco Salcedo “Vito”, fueron invitados ambos espadas sin decirles que iban a estar juntos, ya que las relaciones entre Manolete y Arruza eran bastante frías, distantes, sin llegar a ser malas. Propias de la competencia. Una encerrona. Ocurría prácticamente lo mismo con sus apoderados, Camará y Andrés Gago, aunque aquí sí había una mayor tirantez. Superada la sorpresa y la tensión de los primeros momentos, la comida sirvió para que naciera una sincera amistad entre los dos toreros, a pesar de su gran rivalidad en los ruedos.

Tras la comida, sellada incluso con un fraternal abrazo, ambos espadas marcharon al cine Tyris para disfrutar, a través del NO-DO, del resumen de sus recientes éxitos en la Feria de Abril de Sevilla. Barceló, miembro de la empresa y encargado de tal gestión, acompañó a los dos toreros, siendo largamente ovacionados.

Posteriormente, el 7 de octubre de ese mismo año toreó Manolete su última corrida en Valencia, precisamente mano a mano con el mexicano Carlos Arruza. Este hecho se debe a que el diestro cordobés sólo toreó un festejo en 1946 en la plaza de Madrid, y en 1947, a pesar de estar anunciado en la Feria de Julio, no pudo actuar por un percance en Las Ventas.

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La corrida del siglo en Valencia: doce orejas, cuatro rabos y dos patas... ¡otros tiempos!

Alfonso Ávila

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