El rumor de que El Juli y Morante de la Puebla han vetado a Manolo Molés, pactando con la empresa de Canal Plus que dicho periodista no narre las corridas en las que ellos participan...
El rumor de que El Juli y Morante de la Puebla han vetado a Manolo Molés, pactando con la empresa de Canal Plus que dicho periodista no narre las corridas en las que ellos participan ha invadido el mundo de los toros. No me lo puedo creer. No puede ser que una empresa destruya el trabajo de quien ha introducido las ferias más importantes del calendario taurino en los hogares de tantos miles de españoles, para darles satisfacción a dos hombres cuyo único mérito ha sido hacerse multimillonarios revestidos de lentejuelas y abalorios. Sobre todo porque para Canal Plus podía resultar ruinosa tal decisión. En lo que a mí respecta, abonado a Canal Plus Total hace muchos años, la confirmación de ese rumor significaría mi baja automática. Y para hacerlo me apoyo en aquella frase célebre, tan española y cargada de ética, de “Vale más honra sin barcos que barcos sin honra”.
Pero es que además, si eso se confirmara me sentiría ofendido en lo más hondo, porque como periodista luché, como la mayoría de los periodistas de todos los colores, porque la dictadura del general de mandato largo y patas cortas fuera sustituida por una democracia plural y participativa. Y que aquella dictadura militar totalitaria no lograra acallar nuestras plumas ni nuestras voces y ahora lo consiguiera la dictadura de los chispeantes, sería como para pensar que toda aquella batalla fue inútil. En ese caso, cualquier hombre o mujer de mi profesión tendría motivos para sentirse agredido, porque como dice el refrán: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar”.
Y no es que esto signifique ningún desprecio ni minusvaloración para los que están sustituyendo a Molés en las retransmisiones, que son el vivero que ha estado creando él durante varios años, y seguro que llegarán a hacerlo muy bien. Pero cuando, por ley natural, se cumplan las previsiones sucesorias, no cuando les dé la real gana a dos toreros que usufructúan las ganaderías más potables a cambio de cantidades astronómicas, mientras otros con menos suerte se juegan la femoral cada día con lo que ellos no quieren ni ver y por cuatro perras mal contadas.
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La dictadura del chispeante
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