Sebastián Castella abrió el festejo ante Cornejo, un toro con carita y de embestida algo brusca que no terminaba de meterse en los vuelos. Lo recibió garboso con lucimiento flexionando la pierna. Cumplió en varas. Inicio de faena bonito, sentado en el estribo para ir sacándolo a los medios. Elaboró faena a base de consentirlo, esforzado pero sin terminar de calar en los tendidos. Se vio solvente al francés y con interés por sacar tajada. Tuvo una embestida a dos tiempos, sin salirse nunca de los vuelos y, en ocasiones, colándose a ver qué se dejaba por allí. Porfió Sebastián y tras una buena estocada en la suerte natural paseó la primera oreja de la tarde.
Iluna, segundo de la tarde, apretó de salida y se le acostó varias veces a Talavante sobre todo por el pitón derecho. No se confió y dejó que fuera Álvaro Montes quien lo pusiera al caballo. Apretó en el petó, metió riñones. Se emplearon Ambel e Izquierdo con los palos. Ya con la muleta mantuvo el guion este de Albarrán, embestida reservona, sin entrega y aunque no llegó ningún momento real de peligro, tampoco dejó que Talavante se afianzase y pudiera firmar algo de interés. Una estocada de trayectoria atravesada hacia el costado contrario terminó con el toro, que escuchó pitos en el arrastre. Talavante fue silenciado.
Hablar del momento de David de Miranda sería injusto porque no es el momento, es su tauromaquia. Se encontró con Inco, un toro que, sin ser un derroche de bondades dado que llevaba la cara a su aire y tuvo que torear, fue colaborador precisamente para la tauromaquia del onubense. Lo cuajó a pues juntos con el capote y en la muleta sirvió para que David lo cuajase de principio a fin. Toreó a placer, con exquisito gusto por el lado izquierdo y consintiéndolo mucho para convencerlo de que tenía que pasar. Firme y valiente David, en apariencia nada mermado tras el percance de Santander, puso en pie los tendidos de La Línea. Estoqueó por arriba y desorejó al de Albarrán con total justicia.
Se olvidó Castella de esa difícil facilidad a la que le cuesta encontrar calado en los tendidos y se apretó con el cuarto, Tiberio, un castaño con cuello y de cara justita que hasta el momento resultó el de embroque más franco aunque deslucía en los finales. Estatuarios para comenzar faena y fue tejiendo poco a poco un conjunto con más sabor que en su primero. Bien es cierto que tampoco tuvo transmisión el toro pero Sebastián lo mantuvo embebido de muleta con firmeza. Entró el público en su labor y tras una estocada casi entera paseó una oreja que le abría la puerta grande esta tarde.
Tampoco lo tuvo fácil Talavante con Diáfano, un toro que sin asustar tampoco a nadie, fue capaz de desordenar por completo la lidia derribando al caballo titular y partiendo el palo del que hacía puerta. Embistió a oleadas y aunque se paró en la muleta no dio confianza alguna a Alejandro que lo pasó por ambos lados en un intento de dejar patente que no servía pero le faltó confianza y el público no lo vio igual. Se lo quitó de en medio y acabó escuchando pitos con las consecuentes palmas -inmerecidas- para el toro en el arrastre.
Cerró plaza Gorrión, con cuajo y cara, que tampoco fue plato agradable. Se fajó de salida con él David de Miranda, apretó en el peto con firmeza y complicó bastante a Cándido Ruiz sus pares de banderillas cortándole mucho por el lado derecho. Poca claridad en sus embestidas, cara alta y pendiente a todo. Se dobló David con él, llevándolo en línea e intentando enseñarle los caminos correctos. A partir de aquí, una porfía constante muletazo a muletazo haber si lo convencía. Quietud y paciencia la de Miranda que puso de manifiesto las dificultades del toro. Hubo consenso con los tendidos a la hora de irse por la espada y volvió a recetar una buena estocada para finiquitar al toro, la tarde y la feria. Fue ovacionado.
La Línea de la Concepción (Cádiz). Sábado, 25 de julio de 2026. Toros de Juan Albarrán, de correcta presentación -alguno más justito de cara- y juego complejo y exigente. Faltos de raza, aunque con movilidad. Más difíciles 2° y 5°. Sebastián Castella, oreja en ambos; Alejandro Talavante, silencio y pitos; y David de Miranda, dos orejas y ovación. Entrada: Más de media plaza.
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