El sábado día 17 de febrero se produjo, en la madrileña Plaza de Vistalegre, un hecho que puso en cuarentena las excusas a las que se agarran los toreros que no quieren salirse de los encastes más “cómodos” de la ganadería brava española. Y conste que continúo opinando que en el arte de lidiar toros bravos sobra el concepto comodidad, porque el peligro está latente incluso en una añoja del hierro más “dulce”. Vaya eso por delante, y la historia del toreo es rica en ejemplos que lo demuestran, sin tener que recurrir como siempre a la cornada mortal que le infirió una becerra a campo abierto a Antonio Bienvenida.
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