Todos deberíamos de hacer lo imposible porque la Fiesta vuelva a sus orígenes, en cuanto a la pureza de concepto que la justifica. Tendríamos que ponernos de acuerdo por encima de vedetismos y vanidades, a que tan dados somos los que nos dedicamos a este maldito oficio de escribir. No se trata de abanderar posturas ni posiciones para nuestro propio brillo o confirmación de los “ya lo decía yo”, sino de unirnos para, cada uno en la medida de nuestras posibilidades, tratar de frenar la caída en barrena de una Fiesta que se tambalea. No podemos seguir elogiando faenas a toros bobalicones, ramplones y descastados y mucho menos permanecer impasibles ante la desmesura actual de injustificados indultos.
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La Fiesta se tambalea
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