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Con un vestido precioso azul celeste y azabache que homenajeó a la gloria taurina valenciana más ilustre como Manuel Granero y con las emociones a flor de piel, Román afrontaba este 10 de marzo la tarde de su vida. El valenciano, respaldado por sus paisanos, que no le fallaron, se dejó todo y más, fue un derroche de entrega, de querer, de amor propio, de disposición.
Por momentos tuvo la tarde tintes heroicos, como cuando el quinto, un toro manso de Domingo Hernández, le cogió dos veces. Pero ni el dolor de las volteretas mermó el ánimo de Román, que acabó conquistando una puerta grande que le supo a gloria. La importancia del gesto vino también por la importancia de lo que asomó por chiqueros, con seis toros serios, algunos de ellos aplaudidos de salida. No escatimó esfuerzos ni se alivió. De los toros, los mejores fueron los dos primeros, el de El Parralejo que rompió la tarde por noble, y el encastado y bravo segundo de Fuente Ymbro.
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La gesta en solitario de Román, en imágenes
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