No le demos más vueltas. Siempre viviremos al lado de alguien que percibe lo nuestro como un evento criminal. Es el cínico avanzado en su superioridad de europeo. De mente superior en la llamada sensibilidad. No es nuevo, pues la historia está repleta de ese cinismo de supuesta raza sensible superior. Ser cínico requiere de retórica. Ser partidario del toro, no. Ésa es, filosóficamente, la gran diferencia. Unos pretenden hacer creer que se llega a ser superior, más justo, más culto, más coherente, a través de una retórica. Otros, simplemente, creemos que los argumentos sólo sirven para ser excusas. Y las excusas tienen su lugar natural en el excusado, lugar oloroso y de visualización defecante.
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