La actuación del palco este miércoles en Valencia se volvió en protagonista en el mano a mano de Fallas. Ni la ambición de Rufo ni la capacidad de Jiménez ni la calidad de las embestidas de Domingo Hernández. Todos los titulares hablaron del bochornoso atraco de la presidenta a Tomás Rufo. De la lamentable actuación de Pilar Bojo en contra del reglamento al no conceder hasta en dos ocasiones la primera oreja, la de la afición.
Es evidente que Valencia es plaza de primera y necesita mantener un rigor. Para establecer ese listón hay que tener un conocimiento y un respeto hacia el toreo que ha demostrado carecer esta señora.
Como decía el guion de aquella película de superhéroes: "Un poder conlleva una gran responsabilidad". Para subir a un palco hay que reunir una serie de condiciones -máxime en una plaza de primera como Valencia-. Sentido de la justicia, conocimiento taurino y saber el reglamento para poder interpretarlo según el caso.
Bojo no está capacitada para sentarse en un palco para presidir una corrida de toros. Será una excelente policía pero como garante de la tauromaquia y por ende de la voluntad de los espectadores ha dejado patente ser absolutamente necia. No se trata de gustos, son hechos objetivos. No solo se trata de sensibilidad, hace falta ser capaz de valorar lo que ocurre en el ruedo. Ser duro con los toreros no es sinónimo de saber más que los demás.
Ir a contracorriente de la mayoría popular -aquí incluyo a los asesores José Luis Campillo y Gerardo Rojo- es utilizar mal el poder que le han dado. Prevaricar a sabiendas de que está actuando en contra del reglamento.
Un órgano superior -el que designe los presidentes- debería terminar con la impunidad de la que gozan los que se suben al palco ya que su incompetencia no tiene consecuencias más allá de reventar un espectáculo tirando por tierra el trabajo de tantos profesionales y amargando al público que pagó su entrada.
Foto: Antonio Vigueras
