Me dice un amigo que somos sol y moscas. Se refiere a la playa, al sol y a las gachises como atrayente de guiris. Es cutre. Pero yo le abro la mente al mismo tiempo que le doy la razón. Nosotros somos los grandes exportadores europeos de lo que nunca se puede exportar. El sol. La historia. Las playas. La gastronomía. Nuestras ciudades. Los museos. La historia es industria como la playa es industria, o la montaña o el jamón pata negra. Vamos más allá del sol y moscas, porque hemos aprendido a despejar la caspa de nuestros hombros, pero aún vende el faralae, el olé, al lado mismo de Dalí o Picasso o Cervantes, o el Guggenheim. Todo eso que el ladrillo hizo de menos. El ladrillo trajo a una clase política sin cultura, sin apego a las raíces, sin valoración de lo nuestro. Lo que podemos exportar sin poderse exportar. La gran industria de España se llama, hoy por hoy, el turismo.
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La industria cultural del toro
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